Introducción
En este trabajo me propongo presentar una serie de cuestiones relativas a los elementos estructuralistas en la sociología de Basil Bernstein. La tesis del trabajo es la siguiente: Si bien no sea posible considerar a Bernstein como un estructuralista paradigmático ni un "aplicador" de las ideas de Saussure, del formalismo ruso o de Levi Strauss en el campo de la educación y de la sociología de las transmisiones culturales, podemos identificar una serie de temas, elementos e inspiraciones que se despliegan en su obra con cierta permanencia y que permiten delinear una “constante estructuralista" en sus análisis. Argumentaré que este núcleo se condensa en la noción de código.
En los diversos apartados intentaremos presentar algunos argumentos en favor de esa tesis. No obstante, dada la brevedad del trabajo y los límites lógicos para los cuales fue escrito, se tratará de una descripción sucinta de estas cuestiones y no de un desarrollo teórico acabado. Es un hilvanado de ciertas ideas que precisaría mayor desarrollo, fundamentación y ejemplos. Por el mismo motivo, no expondré los conceptos de Bernstein; los daré por supuestos. Lo mismo puede decirse de ciertas inflexiones o matices del análisis: He excluído reflexiones sobre las modalidades de código, su distribución, sobre la evolución de la noción, debido al carácter introductorio de este trabajo.
Bernstein ha rechazado en diversas oportunidades una identificación estructuralista (Bernstein, 1993), posición que puede ser comprendida en la medida en que su sociología no puede ser analizada como un derivado, un subproducto aplicado de las tesis de la linguística o la antropología estructural en el campo de las transmisiones educacionales. Como sostiene Atkinson:
"It is important to indicate that to write on Bernstein's structuralism is not to claim that he is a structuralist pure and simple. Bernstein's sociology is an original syntesis that draws on various theoretical traditions. There is no need to imply that he has been the slavish adherent of any theoretical or methodological orthodoxy" (83,1995).
Compartiendo esa postura, en este trabajo intento revisar cuáles son los rasgos que nos permiten identificar recurrencias de inspiración estructuralistas en su obra que se entrecruzan con otras inspiraciones (fenomenológicas, marxistas, funcionalistas). En Bernstein, los elementos estructuralistas no han implicado su identificación o colaboración con los autores o centros reconocidos como tales. Es más, parecen haber contribuido a su aislamiento y a una curiosa serie de malentendidos y "malas interpretaciones" de su obra, según lo ha reiterado el propio Bernstein. Sin embargo, no es posible comprender las constantes de su trabajo fuera de las conexiones que lo atan a esa tradición teórica. No se trata, en una operación reductora, de imponer una versión de Bernstein ("un" Bernstein) sobre las otras, como -por ejemplo- realizan autores tan afectos y cercanos a sus trabajos como W.Tyler (1991).
La elaboración del legado de Durkheim
Los análisis de la sociología del conocimiento deben mucho a la obra de Durkheim, en particular a sus estudios sobre las representaciones colectivas. En el caso de Bernstein -sumando principalmente los elementos tomados del interaccionismo de Mead y de ciertas nociones del marxismo-, éste funda sus tesis sociológicas iniciales en una original relectura de "La división del trabajo social" . Esto es, el núcleo de temas sociológicos que hace de la obra de Bernstein una sintesis original e impide encuadrarlo en un único sistema de referencias (Atkinson, 1985) tiene su inspiración inicial -como el mismo lo ha destacado reiteradamente- en los trabajos de Durkheim sobre las representaciones colectivas y las formas de solidaridad y de Durkheim y Mauss sobre las clasificaciones primitivas. Algunas de las dicotomías que recorren toda su teoría surgen de esta inspiración: solidaridad mecánica-solidaridad orgánica, restringido-elaborado, simple-complejo, sagrado-profano, mezcla-separación.
Este legado y este primer sistema de semejanzas y diferencias (el inconciente o larvado estructuralismo de Durkheim y Mauss) se va enriqueciendo y diversificando con la fuerte influencia de los trabajos de Mary Douglas (1981) sobre el ritual y los limites simbólicos. Douglas, en su estudio de los sistemas clasificatorios primitivos, desarrolló una aproximación estructuralista sobre los problemas de la pureza de las categorías y de los límites simbólicos. Estos trabajos inspiraron los artículos de Bernstein sobre los rituales escolares en la década del 60. Y, más adelante, sirvieron de sustento a la tipologia de currículos, la separación fuerte/débil entre contenidos y la formulación de los principios de clasificación y encuadramiento.
Los estructuralistas/ismos y el modelo linguístico
No voy a describir los distintos aspectos y autores del movimiento estructuralista ni entrar en interpretaciones respecto de su evolución, crisis y vigencia. Identificaré, muy esquemáticamente, una serie de aspectos comunes a los estructuralistas (o a los estructuralismos) y, en el siguiente apartado, intentaré destacar en que medida permiten dar cuenta de los desarrollos centrales de la obra de Bernstein. Entre los aspectos que caracterizan a los estructuralismos, encontramos:
a) La centralidad del lenguaje en el análisis de lo social y la arbitrariedad del signo. Las formas de la vida social son tratadas de manera homóloga a las del lenguaje (por ejemplo, los trabajos de Levi Strauss sobre parentesco y totemismo). En los estructuralistas, adquiere centralidad el modelo linguístico creado por Saussure y desarrollado por los formalistas rusos y el círculo de Praga, proceso que se continúa con la extensión de la noción saussureana de semiología al análisis de diversos campos de lo social y cultural efectuada por Barthes. Pero, mas alla de las diferencias, los estructuralismos se preocupan en la centralidad del lenguaje y del signficado y en las estructuras como sistemas de relaciones de diferencia y oposición invisibles que ordenan las realizaciones visibles de lo social. Deleuze ha llamado a este rasgo de los estructuralismos de “vuelta al código”. Este rasgo estructuralista es que que Foucault debate en el párrafo final de “Vigilar y castigar”, cuando afirma que lo carcelario no puede ser comprendido como estrategias de hablantes sino bajo el modelo de la batalla (la evolución del filósofo francés, de Saussure a Nietzche).
b) La preocupación por el significado. La preocupación por dar cuenta de los sistemas de relaciones que sustentan y hacen posible un orden del significado lleva a muchos de estos autores a concebir estas estructuras sobre la base de un modelo linguístico. La “realidad profunda” se configura como un lenguaje. Lo que se trata de estudiar es la emergencc) ia del significado. El significado es posible en la medida en que existe una estructura generativa.
c) Las estructuras como sistemas de relaciones invariantes, inconcientes y profundas. Las estructuras postuladas son realidades subyacentes que se basan se basa en la arbirtrariedad del signo y en los sistemas de diferencia y oposición. La distinción que realiza Saussure entre "langue" y "parole" se corresponde -en los desarrollos posteriores- con la distinción entre estructuras profundas -sistemas de relaciones esenciales, necesarias- y fenómenos superficiales -contingentes, manifiestos-. Para Levi-Strauss, Dumézil, Althusser, las estructuras de la vida social no se basan fundamentalmente en regularidades o conexiones empíricas observables "de superficie" sino en patrones de relaciones invisibles y profundas que hacen posible la emergencia del significado. Y para cualquier variante estructuralista, las estructuras fundamentales (mitos, epistemes) se diferencian de sus expresiones históricas o realizaciones contextuales que son los fenómenos de superficie que las reactivan. Esto es, las mismas estructuras (relaciones de producción, relaciones de parentesco, relaciones de poder, relaciones de comunicación) pueden generar diversas formas de realización (por ejemplo, las "formaciones económico-sociales" del marxismo estructuralista).
d) El plano de lo simbólico. Para los estructuralismos, existe un tercer plano que, más allá de lo real y lo imaginario, organiza las conductas de los individuos y de las sociedades: Lo simbólico. Es en este plano donde los fenómenos empíricos -entronizados por el positivismo como la única realidad- encuentran su racionalidad, su principio de organización, su Ley. Y, de este modo, el análisis de lo simbólico encuentra su modelo científico en el análisis del lenguaje: Los sistemas de parentesco, la relectura lacaniana de Freud, la revisión althusseriana de Marx, los mitos analizados por Dumézil, las epistemes en "Las palabras y las cosas" coinciden claramente en este punto. Se trata de mostrar los "inconcientes" de nuestras culturas, de nuestro inconciente, de nuestras ciencias humanas, de la estructura social.
e) El sujeto como "efecto" de las estructuras. Para los estructuralismos, el sujeto es un dato problemático. En el campo del psicoanálisis, la relectura que Lacan realiza de Freud y su tesis del inconciente estructurado como lenguaje retoma esas premisas y agrega otra, que lo emparenta con la tradición hermenéutica alemana: que el sujeto es un producto del lenguaje. Alterando el concepto tradicional de sujeto y de agencia, los estructuralismos conciben al sujeto como una realidad derivada, un "efecto" de significados y de los sistemas de relaciones que los gobiernan. Jamás es el punto de partida del análsis: “Los significados creados y/o mantenidos por el yo cognoscente de los interaccionistas parecerían, pues, una base mas bien débil e inadecuada para una explicación social” (Tyler, 1993, 134). El sujeto está inscripto y es construído por patrones subyacentes de significado. En ciertos autores (Foucault, Althusser y, claro está, Bernstein), estas relaciones se implican con relaciones de poder subjetivadoras.
e) ¿Historicidad de las estructuras? Mientras que, como señala Atkinson (1995,86) algunos teoricos estructuralistas buscan las pautas universales que configuran la sociedad o el inconciente, otros lo hacen desde posiciones relativistas o historicistas. Esta es la postura de Foucault en la decada del sesenta, en particular, es la postura que desarrolla con amplitud en "Las palabras y las cosas".
El desarrollo de la teoría de los códigos
Bernstein, quien desarrolla el núcleo inicial de su "teoría de los códigos" durante la década del 60 -aunque alcanza su exposición más formalizada a principios de los 80- comparte muchos elementos de este "espíritu de epoca" que significaron los estructuralismos. Conciente o inconcientemente, muchas de las mencionadas características unían a quienes intentaban renovar las ciencias sociales desde posiciones no ligadas a la gran síntesis del funcionalismo parsoniano y al marxismo ortodoxo y, al mismo tiempo, eran sensibles a la revolución teórica impulsada por la linguística, la etnología y las sociologías de la interacción. De este clima se nutre la sociología de Bernstein. Pero sus énfasis y la profunda continuidad que recorre sus formulaciones hasta la actualidad sólo pueden ser comprendidas si se analiza de qué modo las propuestas formalistas y antihistoricistas de ciertos estructuralismos han marcado hasta hoy las nociones centrales de su teoría. De aquí en adelante, centraremos el análisis en la noción de código.
La idea de código es utilizada con cierta sistematicidad en "Clasificación y enmarcamiento del conocimiento educativo" (1977) para referirse al principio regulador que gobierna la selección y permite las combinaciones entre los elementos curriculares y los sujetos. En este trabajo, si bien la noción de código no había sido formulada muy explíticamente, aparece la idea de que existe un principio subyacente que estructura las prácticas, las instituciones, la conciencia y los sistemas simbólicos en el campo educacional y que dicho principio se estructura sobre la base de dos conceptos básicos. Clasificación y enmarcamiento. En ese texto, "clasificación" refiere al grado de aislamiento entre contenidos mientras que el "encuadramiento" refiere a la pedagogía. La clasificación controla el discurso y el encuadramiento las relaciones entre sujetos. En esa tipología, la variación de uno es relativamente independiente del otro.
Veamos una de las varias definiciones de código que Bernstein ha formulado. Esta definición, presentada en el artículo más profundo y específico que Bernstein ha dedicado al concepto de código ("Códigos, modalidades y el proceso de reproducción cultural: un modelo") sostiene que:
"...el código es un principio regulador, adquirido de forma tácita, que selecciona e integra significados, formas de realización y contextos evocadores relevantes..." (1993, 107).
El código regula, ordena y define la relación entre contextos, entre significados, entre sujetos, entre agencias y sus interrelaciones recíprocas. Y articula las conexiones entre los niveles macro y micro. Los códigos se constituyen como variaciones combinatorias de principios de clasificación y enmarcamiento: "Los códigos pueden clasificarse mediante la fórmula:
0
-------------
+ - Cie Eie
en donde O se refiere a la orientación hacia significados elaborados o restringidos; C se refiere al principio de clasificación; E, al principio de enmarcamiento; + a los valores de C y E respecto a la fuerza, mayor o menor; i se refiere a las relaciones internas y e a las externas. La línea ---------- indica que los significados están insertos en los principios de poder y control. La modalidad de un código viene dada por los valores de clasificació y enmarcamiento; éstos pueden variar con mutua independencia. Cualquier conjunto de valores de clasificación y enmarcamiento constituye la modalidad de código" (Bernstein, 1993, 113).
Quiero argumentar que es en la noción de código donde el estructuralismo de Bernstein se sintetiza y condensa. En cualquiera de las muchas definiciones que ha dado sobre este concepto podrá reconocerse el sesgo formalista y relacional que caracteriza a esta tradición. Revisemos por un momento los rasgos estructuralistas que presenta -de manera invariable a lo largo de dos décadas-, la noción de código:
a) En primer lugar, el código puede ser expresado en una fórmula. Es la noción clave de todo un intento de mostrar este conjunto de relaciones que se articulan en la reproducción social. Es un principio formal y combinatorio que cubre todas las variantes posibles de cualquier dispositivo pedagógico. (Un ejemplo de este ejercicio de “ejemplificación” histórica del código puede verse en Bernstein, 1994, cap.IV). Siempre en sus análisis hay una reducción a ese esquema, estructura que da cuenta de cualquier disposición posible que puede adoptar el dispositivo pedagógico en su historia. Así, la idea de códico opera como un universal abstracto de todas las comunicaciones y tipos culturales. Si bien esto es asi, la sutileza de sus análisis y su capacidad afinada para percibir los matices compensa el determininsmo y la ambiguedad de algunas de sus nociones. De este modo, este rasgo no da como resultado un modelo estático y ahistórico porque Bernstein presta especial atencion a las mediaciones y a diversos niveles de integración.
b) Es un principio selectivo y combinatorio profundo que regula las manifestaciones visibles, superficiales o externas de las comunicaciones linguísticas (en el caso de sus primeras investigaciones) y educacionales, independientemente de los contenidos. La práctica es un fenómeno superficial, mientras que el código es la estructura profunda que subyace a todas esas realizaciones. El código realiza la misma función independientemente de la forma que adopta su realización superficial. Aquí las resonancias de la obra de Mary Douglas, en particular Purity and Danger (1966), son explícitas.
c) El modelo del código entanto estructura reguladora de la reproducción social es el código linguítico. Y lo mismo podría plantearse respecto del código genético, que sólo permite un numero limitado de combinaciones posibles-. Por eso Bernstein, en sus últimos trabajos puede hablar de una “gramática” y de “reglas” del dispositivo pedagógico. Las prácticas de control simbólicas -y hasta los códigos de la producción (Bernstein, 1993, cap. IV)- son analizadas como lenguaje: “El control simbólico es fundamentalmente un lenguaje y sus reglas se adquieren de modo parecido a las de éste... Sus reglas superficiales se adquieren mediante la inferencia tácita de sus principios subyacentes de ordenación, que no sólo facilitan la generalización a situaciones nuevas, sino que permiten ambiguedades y dilemas intrínsecos a la naturaleza de las mismas reglas para producir otras nuevas consonantes con los principios subyacentes de ordenación” (Bernstein, 1993,162).
¿Una síntesis saussureana de la obra de Bernstein?
Atkinson sostiene en uno de sus trabajos: "All I trying to do is to suggest that Bernstein's original insight is reducible precisely and economically to the structuralist paradigm" (1995,88). Esto es, que las dimensiones saussurianas de sintagma (relaciones horizontales, de diferencia) y paradigma (relaciones verticales, de semejanza) permitirían dar cuenta de la noción de código, tal como es definida por Bernstein, en tanto principio estructural, generativo y subyacente que define restricciones verticales y horizontales. Clasificación y enmarcamiento puede ser nociones revisadas a partir del esquema linguístico saussureano. "Clasificación" es un principio paradigmático y "enmarcamiento" un principio sintagmático. Cuando la clasificación es fuerte, las relaciones paradigmaticas (verticales, entre elementos semejantes, sean estos contenidos, sujetos, discursos) es restringida. En el caso de un encuadramiento fuerte, la posibilidad de combinaciones sintagmáticas (relaciones horizontales, entre elementos diferentes) se reduce.
Tyler (1993) destacó el mismo rasgo. Sostiene que de los pares clasificación / encuadramiento y poder / control (entre otros) parece derivarse de: “una oposición más profunda entre el principio de selección de elementos estructurales y el principio de combinación. Esta oposición es bien conocida en la forma de una distinción que hizo Saussure entre los tipos de relaciones que los signos pueden mantener entre sí. Primero, las relaciones que un signo puede mantener con los otros que le preceden o siguen. Las denominó relaciones sintagmáticas u horizontales., que indican una dimensión que sigue el curso del tiempo (diacrónica). En cambio, hay relaciones que puede mantener el signo con otros que no aparecen en realidad en la oración pero que pudieran haber estado. A estas las llamó relaciones asociativas o paradigmáticas e indican una relación sincrónica o simultánea ” (p.154). Y afirma más adelante: “Esta oposición se muestra con toda claridad en la obra de Bernstein, quien hace una comparación explícita entre esta oposición linguística y las principales dimensiones del código. Define a la clasificación como las características paradigmáticas del código y el encuadre como sus peculiaridades sintagmáticas” (ídem, 154)
La clasificación, lo paradigmático determina lo que puede definirse como unidades de contenido, el universo a partir del cual se efectúa la selección. Lo sintagmático, el encuadramiento, define cómo pueden unirse esos contenidos. La clasificación opera al nivel de la lengua como sistema de relaciones mientras que el encuadramiento actúa al nivel del habla, de las realizaciones concretas. Desde esta perspectiva, el código restringido puede ser definido como un sistema generativo que define posibilidades más rigidas respecto de las combinaciones horizontales y verticales que el enunciador utiliza, como lo que está supuesto en la tipología de currículos expuesta en "Clasificación y enmarcamiento del conocimiento educativo".
Ya en “Códigos, modalidades y el proceso de reproducción cultural: un modelo” (1981), el modelo y la metáfora saussureana se torna más explícita: “Desde esta perspectiva, los códigos son transformaciones en principios semióticos específicos o gramáticas de las relaciones y realizaciones de categorías, en donde las relaciones de categoría representan lo paradigmático y las realizaciones, lo sintagmático” (Bernstein, 1993, 58).
No obstante, unas líneas más abajo, Bernstein relativiza las consecuencias de su propio planteamiento: “Queremos hacer hincapié en que, a pesar del lenguaje abstracto del modelo que hemos propuesto, no tratamos de crear una representación de de un proceso regulado por alguna determinación que cumpla inexorablemente alguna ley interna. Por el contrario, la variación, la oposición y el cambio son inherentes a las posibilidades del código” (Bernstein, 1993,58)
El código es sólo un modelo de la complejidad de esos procesos, pero no hay una “ley inexorable interna”. La lógica de los sujetos y de las instituciones puede ser comprendida en ese esquema, pero ¿qué los impulsa a seguir al código? ¿Si no “obedecen” al código, cuál es su ley? Quizás haya llegado al punto que Deleuze ha llamado “la casa vacía”; el punto en que la estructura se mueve o se transforma no puede, a su vez, ser reducido a un principio estructural. El punto central de la estructura está vacío. La comprensión del cambio puede ser descripto -encuentra su lugar en las variantes del código- en el lenguaje de la estructura, pero no puede, stricto sensu, ser explicado.
¿Que hay de nuevo en la teorización del discurso pedagógico?
He mencionado el modo en que el núcleo de su teoría se esboza entre fines de la década del 60' (en particular, en el artículo "¿Escuela Abierta, sociedad abierta?") y se consolida definitivamente en la década del 70' (en "Clasificación y enmarcamiento del conocimiento educativo"). A mediados de los 80' (Bernstein y Díaz, 1985) incorpora la noción de discurso pedagógico y de dispositivo, mientras que en los 90' sus reflexiones intentan dar cuenta del problema de las identidades. Y, pese a que estos desarrollos han complejizado el cuerpo de sus reflexiones, el suelo teórico sobre el que se asientan sus planteos no se ha modificado. ¿En qué se basa esta afirmación? En que la noción de discurso, tal como Bernstein y colaboradores la han venido definiendo en las décadas del 80' y 90', se superpone o se incluye en la noción de código. Las nociones de dispositivo, discurso pedagógico y control simbólico suponen o se superponen a la concepción del código. Y esto implica, como hemos visto, que las nociones claves continúan siendo los principios de clasificación y enmarcamiento, la formalización combinatoria de relaciones sintagmáticas y paradigmáticas que, a distintos niveles, definen a la noción de código.
En estos trabajos puede verse, más allá de las innumerables -y geniales- observaciones e intuiciones que ha logrado condensar alrededor del concepto de discurso pedagógico, que la práctica discursiva es concebida por Bernstein como una realización superficial, una expresión de otra cosa, de una realidad más fundamental y primera: el código. El discurso es un transmisor de los invariantes condensados en el código y por eso puede, como hemos señalado, hablar de una “gramática del discurso pedagógico”, una serie de reglas fijas. Por el mismo motivo, la estructuración del discurso pedagógico (el título de su anteúltimo libro) es planteada a partir de su estructura (sincronía) y no de su emergencia histórica (diacronía).
Conclusiones
Claro está que las razones que hemos esbozado en estas pocas páginas no nos llevan a concluir que Bernstein "es" un estructuralista. La fuerza de sus explicaciones no se debe a las tipologías abstractas o al análisis combinatorio de los códigos sino en su capacidad de utilizar ciertas inspiraciones de la antropología simbólica de corte durkheimniana y estructuralista -entremezclada con temas marxianos y weberianos- para describir las formas en que se realiza la reproducción simbólica del mundo social.
La potencialidad de la teoría del código es que -sobre un sistema teórico común-articula niveles institucionales y analíticos; la clase social, el estado, la familia, la escuela; el poder y los modos de control; la identidad, la conciencia y el discurso. Y que en los últimos 25 años ha intentado crear para esta teoría una base empírica tanto a nivel macro (en los trabajos de Cox, Díaz, Tyler) como a nivel micro (Daniels, Faría, Domingos). Quizás la debilidad de su planteo resida en su atractivo: la noción de código se asienta en principios universales que regularían todos los tipos de transmisiones culturales (Atkinson, 1985).
En fin, la obra de Bernstein se nos presenta como un conjunto de esquemas ambicioso y abarcativo, pero que no alcanza a dar cuenta de las formas históricamente cambiantes en que se realizan los procesos de transmisión y reproducción más que sobre la base de su reducción a un sistema variable de relaciones sintagmáticas y paradigmáticas. La obra de Bernstein es un original y brillante intento de síntesis de un conjunto de problemas y de tradiciones teóricas, siempre que no se olvide de que estas síntesis corren el riesgo de hipostasiarse y concebir a la realidad sólo a partir de ese esquema. Y recaer en las tentaciones imaginarias de los estructuralismos. En ese caso, ya no consideraremos escuelas, sujetos, tradiciones, discursos. Sólo veremos códigos en acción: En ese preciso instante, el plano de lo simbólico habrá reemplazado en nuestras mentes a la riqueza inasible de lo real.
Buenos Aires, marzo de 1997.
Referencias bibliográficas:
ATKINSON,P.: Language, structure and reproduction. Methuen. London. 1985.
BERNSTEIN, B.: La estructura del discurso pedagógico. Morata. Madrid. 1993.
: Clases códigos y control III. Akal. Madrid. 1979.
: Poder, educación y conciencia. El Roure. Barcelona. 1987.
DELEUZE, G.: Le structuralisme. En: CHATELET,F.: Histoire de la philosophie. T.IV Gallimard. 1978.
TYLER,W.: Organización escolar. Morata. Madrid. 1993.
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