inicio | contacto | links
 
 
Artículos
Entrevistas
Reseñas
Córpora
Obras de autor
Archivo
Visite el sitio:
 
 
 
   

< volver

 

El espinoso sujeto por Slavoj ZiZek

ISSN 1666-3519
Copyright© 2001
Año 1 Número 1 2001
Buenos Aires: Paidós, 2001, 432 pag.

Flavio Martín Harriague
Universidad de Buenos Aires, Argentina.

 

Debemos comenzar por lo contingente. Quiso el azar que la noche del 10 de septiembre me encontrara rodeado por libros de Slavoj Zizek, obligado por la lectura de El espinoso sujeto; recorría su producción y reaparecieron la Dialéctica del Iluminismo de Adorno y Horkheimer, Los escritos filosóficos de Hegel; Marx, Althusser, en fin, toda una tradición intelectual. La mañana del 11 de septiembre desperté y recordé inmediatamente frases, conceptos, películas leídas en clave psicoanalítica y política, como una forma de leer las fantasías paranoicas de una sociedad. La manera en la que aparece lo real a partir de figuras monstruosas. Ni que decir de la permanente presencia de un enemigo dispuesto a robarnos nuestro ‘goce’ o, para decirlo de manera más llana, ‘nuestro estilo de vida’; obviamente hablo del cine de Hollywood. Es Zizek seguramente el autor que más se ocupó de la problemática del poder y la ideología tanto en sus fenómenos totalitarios como en las formas de dominación de las democracias contemporáneas. Pero, también, y como lógica pertenencia al capitalismo globalizado, a las irrupciones violentas de los fundamentalismos.

Conjuntamente con la crítica cultural, también nos entregó un magnífico ensayo en“Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, luego de la catástrofe de la ex Yugoslavia. Advertía entonces que los fenómenos de racismo o fundamentalismos étnicos no eran resabios del precapitalismo, sino más bien, la manifestación del capitalismo globalizado. Con la desintegración de los estados nacionales o por lo menos con sus formas tradicionales de legitimación, entra también en crisis las identificaciones nacionales, reforzando otras más primarias (étnicas o religiosas). Polemiza con lo que entiende son dos fenómenos sólo en apariencia incompatibles: el fundamentalismo nacionalista y el multiculturalismo tolerante; porque considera que, en realidad, ninguno de los dos se posiciona en una crítica certera a los efectos catastróficos del capitalismo.

A modo de presentación, podemos decir que Slavoj Zizek es un intelectual de una gran rigurosidad filosófica que ha participado activamente en la vida política, en grupos que lucharon por la democratización de la ex Yugoslavia. Forma parte de la escuela lacaniana de eslovenia, uno de cuyos trabajos se puede consultar en Todo lo que usted quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock.

Desde sus comienzos tuvo una fluida relación con Ernesto Laclau y Chantal Mouff en el programa de investigación sobre Ideología y Análisis del Discurso del Departamento de Gobierno de la Universidad de Essex. Actualmente, Zizek es investigador del Instituto de Estudios Sociales de Liubliana (Eslovenia) y profesor visitante en la New School for Social Research de Nueva York y en la Universidad de París.

En El espinoso sujeto, (quizás el libro más filosófico junto con Por qué no saben lo que hacen) Zizek desarrolla una compleja constelación teórica de la que se sirve para analizar los fenómenos ideológicos. En la que entran en juego desde la noción lacaniana de point de capiton (punto de acolchado); la articulación marxista lacaniana de fetichismo de la mercancía (Marx), el sinthome (Lacan) y el goce -noción psicoanalítica que nos permite explorar las formas en la que el goce se convierte en factor político (nacionalismo, xenofobia, racismo).

El libro está dividido en tres partes: Del Idealismo alemán a Heidegger; La subjetividad política de cuatro autores post althusserianos y la tercera parte, orientada al psicoanálisis, en donde analiza las consecuencias de la desintegración de lo simbólico y la declinación de Edipo.

La primera parte, Del Idealismo alemán a Heidegger, rescata una dimensión descuidada por el sujeto cartesiano. Descuido u olvido del que se sirve Zizek para apartarse tanto del postestructuralismo, como de la filosofía universalista habermasiana para demostrar la vinculación de la filosofía con las elecciones políticas en Heidegger.

El reverso del sujeto, olvidadoo negado, es el núcleo excedente que aparece en la imaginación kantiana y en la figura descripta por Hegel en la ‘noche del mundo’: “el ser humano es esta noche, esta nada vacía que lo contiene todo en su simplicidad. Esta noche, lo interior de la naturaleza que existe aquí -puro si mismo- en manifestaciones fantasmagóricas, es toda noche en derredor; aquí arroja una cabeza ensangrentada, allá otra forma blanca … uno avista esta noche cuando mira a los seres humanos a los ojos, a una noche que se vuelve atroz” (40: 2001).

Esta descripción obedece a un momento preontológico, una retirada del sujeto hacia sí mismo, que no es otra cosa que la experiencia del puro sí mismo, como “negatividad abstracta”. En este texto de Hegel queda expuesto el poder de la negación como momento fundante de una nueva subjetividad.

Este momento de negación abstracta junto con la imaginación en Kant es el excedente del sujeto negado por la filosofía cartesiana. En este núcleo excedente, Zizek articula a Lacan. El orden simbólico, la llamada realidad, surge luego de este paso. La ‘realidad’ tal como la conocemos borra este momento cero de la subjetividad. La realidad reposa sobre un conjunto de ficciones simbólicas (nación, religión) que le dan consistencia ontológica. Esta consistencia sólo con la aparición del “acto” como “real” es desbaratada, desgarrada. Algo a lo que Zizek se va a dedicar en el último capítulo.

En la segunda parte aborda la problemática de la subjetividad política a partir del análisis de cuatro pensadores. La Teoría de la Hegemonía de Laclau, la Teoría de la Égalité en Balibar, la Teoría de la Mesentente, en Rancière y, finalmente, el concepto de acontecimiento en Badiou. Ingresamos aquí, al núcleo de la teoría de Zizek acerca de la ideología.

Nos encontramos nuevamente en la articulación del concepto psicoanalítico de sinthome con el fetichismo de la mercancía de Marx (cf. El sublime objeto de la ideología), en este caso lo utiliza para explicar el concepto de hegemonía en Laclau. Dice Zizek “El síntoma es estrictamente hablando un elemento particular que subvierte su propio fundamento universal, una especie que subvierte su propio género” (47:1992). La disputa ideológica se juega en ese elemento particular que tiñe el universal: “cada noción ideológica aparentemente universal está siempre hegenomizado por algún elemento particular que colorea su universalidad y explica su eficiencia” (188: 2001).

Un caso analizado por Zizek es el de la mujer negra con muchos hijos. Es el caso típico del gasto social exagerado e inútil en EEUU. ¿Por qué nuestro impuestos deben ir a parar a la promiscua mujer negra?. En el nazismo era el judío que ocupaba ese lugar. A partir del judío se explica toda la decadencia cultural, la crisis económica , la derrota de Alemania, etcétera.

En este sentido, la crítica ideológica marxista se asemeja a la práctica psicoanalítica “la madre soltera desempleada” es, entonces, un sinthome en el estricto sentido lacaniano; un nudo, un punto en el cual se encuentran todas las líneas de la argumentación ideológica predominante (el retorno a los valores familiares, el rechazo del estado benefactor y sus gastos descontrolados, etc.) por esa razón, si ‘desanudamos’ este sinthome queda en suspenso la eficiencia de todo edificio ideológico” (189: 2001).

Por esta razón, los discursos e ideologías dominantes incluyen no sólo los objetivos sino también las expectativas y las ilusiones de las clases postergadas. Ciertamente en la actual fase de capitalismo en su práctica más despiadada no es extraño que amplios sectores de la población fantaseen con una comunidad ordenada, comunitaria, segura. Esto no es lo ideológico “lo que convierte en ideológico es su articulación, el modo en que es funcionalizado como legitimación de una concepción muy específica de la explotación capitalista” (199: 2001).

Algo parecido ocurre con las expresiones de deseo de una vuelta “a las raíces”, a ciertos contenidos que unifican una totalidad perdida como los estados nacionales o también su variante más obscena, los estados violentos del fundamentalismo; sin embargo, sabemos que estos estallidos no son otra cosa que el excedente del mismo proceso de globalización. La pregunta acuciante ante la ‘loca’ máquina capitalista, desde una izquierda que pretenda salir del círculo histórico y repetitivo de la queja, debe ser como no caer en la violencia sin sentido o en la afirmación de los parámetros ideológicos del liberalismo.

Jacques Rancière sitúa la primera irrupción de lo político en la Antigua Grecia cuando los excluidos “exigieron que se los escuchara contra quienes ejercieron el poder y el control social” (202: 2001). “La parte de ninguna parte” ingresa demandando llenar ese significante vacío (universal) como igualdad. Esto es el derecho de hablar y ser escuchados por ser seres hablantes.

En el caso de Balibar, supone tres niveles de universalidad: una real (globalización capitalista), una de la ficción (el Estado, la Iglesia que regulan la hegemonía ideológica, básicamente identificaciones grupales) y otra del ideal (ègalité) como subjetivación política, la demanda incondicional “que pone en marcha la insurrección” (131: 2001) Frente a la tendencia postestructuralista contra cualquier tipo de totalidad -universalidad de la ética discursiva, Zizek opone otro tipo de universalismo necesario para enfrentar el actual proceso globalizador. Un universalismo de izquierda significa “identificarse con el sinthome”, esto es, que no supone ningún tipo de retorno a algún contenido universal neutral. Se refiere a un universal que sólo entra en la existencia en un elemento particular estructuralmente desplazado, dislocado. Dentro de un todo social dado es, precisamente, el elemento al que se le impide realizar la plena identidad particular que representa su dimensión universal.

Es evidente que aparece aquí, con claridad, una tensión que recorre gran parte del debate teórico intelectual de los ochenta y los noventa: la tensión entre la micro y la macropolítica. Algunos apostaban a una teoría micropolítica del poder, cuestionando los conceptos de totalidad social, sujeto histórico, humanismo, etc. Por otro lado, hubo otros que atravesando la crisis del marxismo, intentaron reconstruir el legado utópico con el que surgió el marxismo: la liberación de los trabajadores como liberación universal. Creo que no es arriesgado ubicar a Zizek entre los segundos.

La tesis del segundo capítulo de la tercera parte plantea el derrumbe del orden simbólico. “La declinación de Edipo” no nos arroja a una sociedad libre sino más bien al “retorno de figuras que funcionan según la lógica del ‘padre primordial’: desde políticos totalitarios hasta acosadores sexuales paternos” (333: 2001)

¿En qué se vislumbraría el derrumbe del orden simbólico, el gran otro? En términos de Lacan, el gran otro es un sujeto supuesto del saber que funciona como garantía de nuestras acciones e instituciones. La muerte de las narraciones tradicionales de legitimación, la historia y la lucha de clases, el estado nación, la religión, son todos relatos universalistas. En la actualidad, el único orden que puede ocupar ese lugar es el mercado; aquel gran otro que mueve los hilos de nuestras vidas; en el que debemos depositar nuestra confianza de que estamos viviendo, actuando, desenvolviéndonos en nuestras vidas de una manera racional y coherente. Sin embargo, todas las fantasías futuristas nos plantean el horror de sociedades dominadas por corporaciones económicas que experimentan con biotecnología, guerras bacteriológicas, etcétera. La sociedad de riesgo parece, dice Zizek, buscar desesperadamente pequeños otros (el control de las industrias farmacéuticas, el ciberespacio, etc.) que nos salven del atolladero de resolver cuestiones específicas, pero con consecuencias determinantes para nuestra vida.

La paradoja es que esta aparente apertura para discutir y debatir en un marco de libertad individual debemos someternos al saber de un grupo de técnicos que nos dicen que, en realidad, las consecuencias sobre el ecosistema no son tan alarmantes como parecen ser; la situación no es tan grave como parece ser, sin embargo…

Todo está bajo control, sin embargo…

Estamos en la ‘Segunda Ilustración’ “la libertad de decisión de la que disfruta el sujeto en la sociedad de riesgo” (159: 2001) Este, sin embargo, nos habla de la posibilidad verdadera de una catástrofe, que por otro lado no lo podemos determinar ni precisar. Para decirlo de otro modo, ‘lo real’ se nos escapa. Sin embargo, lo real reaparece en las constantes fantasías paranoicas: “la creencia en el otro que existe en lo real es por supuesto, la definición más sucinta de la paranoia; por esta razón, dos rasgos que caracterizan la posición ideológica actual (la distancia cínica y la confianza total en la fantasía paranoica) son estrictamente co-dependientes: el sujeto típico actual, mientras exhibe una desconfianza cínica respecto de cualquier ideología pública, se permite fantasías paranoicas irrestrictas sobre conspiraciones, amenazas y formas excesivas del goce del otro.” (387: 2001)

Acto. Ingresamos ahora al lado oculto de la declinación del Edipo. El retorno en lo real tanto en la esfera pública como en la privada. El surgimiento de los nacionalismos, los fundamentalismos no son resabios del pasado moderno o premoderno sino más bien apariciones que son inherentes a la actual fase del capitalismo. La expresión es justamente el narcisismo de la cultura de la queja.

La desaparición del gran otro simbólico no hace otra cosa que generar un desesperado llamado hacia otro “para corregir las distorsiones” sociales. Convenientemente, se produce la reaparición de figuras superyoicas y de su mandato fundamental: “goza”. El bombardeo sexual permanente. La exposición del goce sexual que se hace público (desde funcionarios que relatan sus travesuras sexuales, la exposición de espectáculos públicos de las modelos, hasta los encuentros sexuales en los realities shows) es otra manifestación de este mandato.

Pero ¿qué esconde este llamado al goce? “El goce en sí, que nosotros experimentamos como ‘transgresión’ es en su estatuto más profundo algo impuesto, ordenado. Cuando gozamos nunca lo hacemos ‘espontáneamente’, siempre seguimos un cierto mandato. El nombre psicoanalítico de este mandato obsceno de este llamado obsceno, ¡goza! es el super yo” . (22: 1998).

Cuanto más creemos que podemos escapar de la sujeción del peligro externo que nos genera una insatisfacción permanente (histeria) volcándonos a un goce narcisista, más entramos en contacto con lo que Lacan denominó la ‘cosa’ y por lo tanto, reforzamos el sometimiento a un orden social dado y más nos distanciamos del verdadero ‘acto’. Dice Zizek, “un acto auténtico involucra perturbar, atravesar el fantasma. Un acto auténtico supone atravesar la realidad tal como la observamos cotidianamente, supone la elección de lo peor a lo que nos negamos desde que ingresamos al orden simbólico. El acto en términos políticos y revolucionarios, siempre supone elegir lo peor; por eso, como indica Zizek, los conservadores plantean que la realidad ciertamente es mala pero sus propuestas es lo peor … El heroísmo del acto consiste en asumir plenamente lo peor”.

No es extremista afirmar que cotidianamente somos rozados por la barbarie capitalista. El gran mérito de Zizek es, sin duda alguna, retomar los problemas planteados por una gran tradición marxista: la Crítica Cultural como la Escuela de Frankfurt, la teoría de la Ideología de Althusser, una teoría del sujeto atravesado por el psicoanálisis (Lacan). Esta constelación de teorías, sin duda, puede dar lugar a objeciones; sin embargo, Zizek sale airoso de tal desafío.

El espinoso sujeto parece hablarnos de cierta urgencia ante lo que se avecina. Esto explica quizás sus palabras iniciales “es un libro filosófico… pero constituye ante todo una intervención política comprometida”. Esta producción como las anteriores, cumple con creces su objetivo.

Otros títulos de Zizek traducidos al español

El sublime objeto de la ideología. México: Siglo XXI, 1992.

Goza tu síntoma. Buenos Aires: Nueva Visión, 1994.

Todo lo que usted quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock. Buenos Aires: Manantial, 1994.

Por qué no saben lo que hacen. Buenos Aires: Paidós, 1998.

El acoso de las fantasías. México: Siglo XXI, 1999.

Mirando al sesgo. Buenos Aires: Paidós, 2000.

 
     
   
 

Revista electrónica Discurso.org
ISSN 1666-3519 - Copyright© 2001 - Año 1 Número 1 2001