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María Rosa Lojo
La Novela Histórica
ISSN 1666-3519
Copyright© 2001
Año 2 Número 4 2003

 

 

Lo que se transcribe son fragmentos seleccionados de una entrevista más extensa realizada por la Dra. Hólmfríður Garðarsdóttir de la Universidad de Islandia a la escritora María Rosa Lojo. La selección fue realizada según un criterio temático, en este caso las opiniones de la escritora sobre la novela histórica.

[...]

Garðarsdóttir: ¿Cómo se logra esta gran productividad literaria?

Lojo: Trabajando mucho. Hace muchos años que trabajo. Son veinte años de vida profesional y con mucha vocación. A mí me interesa mucho la reexaminación del pasado y ahora, bueno, surgió por suerte en Argentina la posibilidad de publicar textos como los míos, gracias al interés por lo histórico.

G: ¿Y, a qué se debe esto?

L: Yo creo que tiene una relación profunda con el proceso de la globalización.Hay un interés que se ha rescatado de golpe por lo que es realmente argentino, por la memoria, y por la identidad. Bueno, la identidad tiene ciertos problemas para nosotros. Somos un país de inmigrantes con una descendencia hispánica, pero de mucha inmigración. Además, es un país que ha estado siempre en conflicto con su cultura aborigen porque el problema de la cultura aborigen es que no se entiende. Es una cultura negada, silenciada, desconocida y no integrada con la cultura blanca. Yo creo que todo esto toca la problematización de nuestra historia. Hace que tengamos mayor interés en investigar cosas, en saber dónde estamos parados, cómo llegamos a esto, qué es lo que nos distingue y nos singulariza frente a otros pueblos. Ahora bien, como en todo fenómeno de este tipo se escribe de todo; salen publicados textos históricos de poca o limitada información, escritos por personas que no son escritores profesionales. Bueno, hay una mezcla muy grande, de textos de gran calidad con textos de poca calidad.Pero, bueno es un fenómeno literario y social.

G: ¿Y el público? Leí en los periódicos que la mujer es una gran lectora en Buenos Aires.

L: Sí, las mujeres -creo- leen más que los hombres, más que los varones, el mercado es principalmente femenino.

G: ¿Y se escribe tomando esto en cuenta, o se escribe por pasión, o por interés?

L: Bueno, depende. Yo escribo sobre las cosas que me interesan profundamente, que abarcan mi interés por lo histórico. No es, en mi caso particular, algo deliberado. No es que escriba buscando un mercado. Por supuesto, me encanta tener lectores como a todo el mundo, pero no podría escribir sobre algo que no sintiera, que no me importara sólo para buscar un mercado. Ahora, si lo hacen otras personas? Puede ser. De golpe aparece gente que no es conocida como escritor, que no tiene casi historia escribiendo libros, eso también se ve. Bueno en mi caso particular fueron proyectos propios de largo alcance que afortunadamente han coincidido con un momento en que es posible publicarlos.

G: Con respecto a la idea de retomar personajes históricos del siglo pasado y rehacerlos dentro de la historia contemporánea. ¿Usted venía con esta idea desde hace mucho?

L: Sí. Desde hace mucho. Empecé a trabajar sobre el siglo XIX hace muchos años. Soy investigadora del Consejo de Investigaciones Argentinas, en el área de letras y me especialicé en literatura argentina. Publiqué en el 1994 un libro de ensayos relacionado con mi tarea profesional.El libro se llama La "barbarie" en la narrativa argentina (siglo XIX). Allí comencé con textos y autores clásicos e hice un recorrido por el siglo pasado.Poco a poco me empecé a interesar particularmente en Lucio V. Mansilla y, a partir de él, en su hermana Eduarda, después también en otros personajes.Se me ocurrió la idea de esta novela de La pasión de las nómades (1994), que trajera a Lucio Mansilla de vuelta a la Argentina del siglo XX.Esto no es casual. Yo elegí a Mansilla porque es un personaje que tiene una doble mirada: por un lado, una mirada que es muy tributa y que recupera todo lo que es la vieja tradición de la tierra. Además, tiene un contacto muy fuerte con las culturas indígenas.Por otro lado, es una mirada muy europea también y no tenía ningún problema en ingresar a lo que era considerado el mundo civilizado.Era un hombre que hablaba varias lenguas, un gran viajero y alguien que tenía una enorme facilidad para estar a la vez en dos mundos.Es el único escritor que incorpora en la literatura al indígena como un ser humano.Parece brutal dicho así, pero la imagen del indígena en la literatura argentina del siglo XIX es una imagen inhumana.En general el estereotipo que se presenta del indígena es el de una criatura feroz cargada de todos los vicios, o un salvaje al que hay que exterminar evidentemente.En el ensayo argentino la imagen es más compleja, porque no todos los ensayistas consideran que hay que aniquilar a los aborígenes; hay algunos a favor y otros en contra.

Escribo mi novela con un Mansilla, personaje que vuelve a la Argentina de hoy. Y con este texto quisiera conseguir, en cierto modo, un balance de este fin de siglo, y que a su vez recibiera el mismo juicio histórico: porque él vio muchas cosas, más allá de que no las realizara al incorporarse a la política de Rosas.Es como si estuviera despreocupado por esa cultura que él conoció ni como ellos podían ser rescatados o incorporados a una comunidad ecuménica más amplia.No tomó las medidas o no hizo nada por tomar las medidas que hubieran servido realmente para lograrlo.Así que probablemente a los indígenas les quedaron muchas cosas pendientes con él.

Por otro lado, también me interesaba Mansilla como representante de la generación del 1880, es decir, la generación que fundó la Argentina moderna.Se puede decir que, a través de una plataforma ideológica, me interesaba presentar a este Mansilla, por un lado fascinado y por otro lado profundamente decepcionado por la Argentina de hoy, por lo que en definitiva no iba a ser un gran país, sino un país periférico frente a los otros centros de poder.La cultura dominante contemporánea es una novedad muy grande con respeto al mundo que él abandona.

G:¿No es conflictivo escribir un texto informativo didáctico como es el ensayo, para saltar a la novela?

L: No, eso siempre lo he hecho. Sí, sí siempre he escrito así.Desde adolescente escribo así, siempre me gustó. Son hábitos de escritura que están muy arraigados en mí. No me cuesta de ninguna manera porque en general todo lo que escribo, estudio o investigo, después tiene que ver con mis novelas.La problemática es la misma. A uno le interesan determinados temas y determinados problemas, se puede desarrollarlos en una forma ensayística o bien a través de una novela con personajes e intriga.Además, siempre fui una gran lectora de novelas, es lo que más me gusta leer, así que no hay ningún conflicto en ese sentido. No, no me cuesta nada.

G: ¿Usted siguió investigando los Mansilla?

L: Bueno, los dos libros, el del ensayo y la novela, salieron en la misma época.De alguna manera Lucio Mansilla me llevó a su hermana Eduarda que es un personaje mucho menos conocido.La obra más importante de Eduarda que es Pablo, la vida en las Pampas, ni siquiera está escrita en castellano, sino en francés y no se divulgó en la Argentina.Este año paralelamente a mi libro salió una traducción en castellano.Es una especie de redescubrimiento de Eduarda Mansilla, pero la mayoría de las obras de ella no han sido revisadas salvo su primera novela, El médico de San Luis, pero otras obras, no. Sus otros textos, como Lucía Miranda, Los cuentos para niños y Creaciones, me costó bastante trabajo conseguirlos en las bibliotecas, porque tampoco están en todas, ni mucho menos. Tuve que movilizar contactos para encontrar estos libros.

G: ¿Por qué piensas que es importante rescatar estas obras?

L:Me parece que son textos muy interesantes, porque, por ejemplo, en sus textos Mansilla no tiene una mirada maniquea.En este sentido es casi una excepción con respecto a la mayoría de los escritores varones. Aun cuando sus textos, una vez analizados, se muestran muy ricos y ambivalentes, sus plataformas políticas suelen ser plataformas bastante maniqueas como es el caso de José Mármol, de Sarmiento o de Echeverría.Ellos toman definitivamente partido y hay una atracción subliminal hacía la comprensión del otro orden, es decir hacía, lo que se llama la barbarie.En el caso de las mujeres, no hay una toma de partido determinada, sobre todo en los textos de Eduarda Mansilla. En Pablo... aparece un militar unitario y su presentación se contrapone al estereotipo tradicional. El militar unitario supuestamente ilustrado, culto y civilizado, en Mansilla aparece como una contrafigura, porque es bruto, analfabeto, sádico y realmente malo. La visión del mundo no aparece ni blanca y negra, ni los buenos son los unitarios ni los malos son los federales.No, no hay buenos y malos en este sentido.

Lo que es muy singular de Eduarda Mansilla y también de Juana Manuela Gorriti es que ellas ponen en primer plano una perspectiva silenciada o ignorada por muchos escritores varones, y es la perspectiva de las mujeres en las guerras civiles.Ellas son las grandes perdedoras de la guerra porque, aunque los varones quizás pierdan la vida y la fortuna, las mujeres ni siquiera tienen la compensación varonil de la realización heroica.Había una épica muy fuerte en la Argentina, la épica del coraje, la épica de sobresalir en la batalla, pero era cosa de los varones. Las mujeres se quedaban solas, porque tantas veces perdían lo poco que tenían. Perdían a sus maridos, a sus hijos, a sus amantes y a sus hermanos; perdían todo. Y esa perspectiva femenina está muy bien marcada en Eduarda y en Juana Manuela Gorriti. Eso aporta, creo, lo original en ellas: una visión más tolerante y menos maniquea. Sobre todo una visión que toma en cuenta lo que les pasa a las mujeres en el escenario de la guerra civil en Argentina.Bueno, había muchos otros motivos por los que me interesara Eduarda, pero este era uno.

G: Uno de los temas que usted expone en el libro sobre Eduarda, es la amistad entre mujeres, ¿verdad? ¿Cuál era la motivación para crear un personaje como la secretaria francesa y la señora feminista estadounidense?

L:Bueno, quizá por lo general no se ha trabajado mucho sobre el mundo de las mujeres, un mundo que se ha quedado fuera de la historia de la literatura muchas veces. Estos dos personajes son ficticios, no han tenido existencia histórica y, en el caso de Edith Miller a mí me pareció muy interesante incorporar un personaje verosímil, pudo haber existido perfectamente porque Eduarda conoce los Estados Unidos en la época del primer feminismo y una cosa que la asombra es la relativa libertad en la que viven las mujeres. Ellas pueden tener en una profesión, como en el caso del periodismo, mientras en la Argentina eso no era posible. Pueden viajar solas y divorciarse, cosas que dentro del mundo católico también eran imposibles. Me pareció muy posible que conociera un personaje de estas características y a lo mejor que esta otra visión de lo que significaba ser mujer hubiera dado vuelo a su idea de separarse de su familia y dedicarse exclusivamente a la literatura. Me pareció atractivo e interesante tocarlo desde este punto de vista. Y la jovencita francesa, creo, bueno, que las dos se respetan profundamente, la una a la otra.Para mí, crea una posibilidad de presentar a una mujer diferente dentro del ambiente.Lo que Alice no quiere es cometer ella los errores -según ella- que comete Eduarda, sino que quiere tener la opción de una vida mejor. Bueno, están planteados otra vez todos los problemas de la relación de Eduarda con sus hijos, porque Alice se considera, como ellos, una hija abandonada porque su madre se había suicidado cuando era muy chica.Ella también es muy crítica de la conducta de Eduarda.En este sentido, se identifica con los hijos más chicos de la escritora. [...]Hay muchos silencios significativos en la historia de este personaje, porque era una decisión totalmente escandalosa dejar a sus hijos.Bueno, en el libro intenté demostrar esto, porque fue incomprensible que una mujer que aparentemente no tuvo amantes o aventuras extramatrimoniales dejara a su marido, no por otro hombre sino por un libro.No lo entienden los hombres, ni las mujeres de su época, y por eso puse el personaje de la francesa para contraponerlo al personaje principal.

[...]

G: ¿Entonces su producción de novelas históricas cubre más o menos la década de los noventa?

L: Sí, sí, sí porque en esta década han aparecidos tres novelas y el libro de ensayos que tiene mucho que ver, y estoy trabajando también ahora un libro de ensayos para una próxima publicación. Es la mirada de las mujeres a la cuestión de la barbarie.He publicado artículos y cosas sueltas pero todavía no tengo un libro hecho, me gustaría hacerlo.

G: ¿Falta todavía discutir la civilización y la barbarie?

L: Sí, falta discutirlo desde la mujer. Lo que pasa es que no se conocía lo que pensaban las mujeres acerca de esa temática, por eso escribí La princesa federal. La figura de Manuela Rosas me parece que ha sido siempre una figura muy enigmática y con una gran figuración política.Ella estuvo al lado de Rosas durante 14 años y eso no es poco, ¿no? No es que sean figuras con vocación política propia, la que sí tenía una vocación política notable y era muy buena en eso, fue su madre, Encarnación.Ella es como un gran motor que tiene Rosas a su lado, lo que se llama un operador político, o sea la que trabaja, arma las intrigas y maneja las relaciones públicas. Ella, incluso, es la que logra, armando una revolución, que Rosas vuelva al poder la segunda vez. Ella es la que maneja los hilos para lograr que él vuelva al poder. Pero muere muy joven, probablemente de un cáncer por la descripción que hay que dice que se iba consumiendo. Claro, queda un lugar femenino vacío. Y Rosas, es curioso, ver que queda por un lado como una figura patriarcal, tradicional, el dictador y, por el otro, como alguien que tenía muy en cuenta las voces femeninas.

[...]

G: Ahora, para concluir, ¿usted piensa que hay más mujeres ahora que participen en la literatura argentina que antes?

L: Sí hay más. Es así.Las mujeres entran en la literatura argentina tardíamente. No han estado ni un siglo dentro de la narrativa realmente.Hasta este momento había muy pocas narradoras, muy poquitas, y alguna poeta importante. Pero solamente después de los años 45-50 van entrando en la narrativa.

 

María Rosa Lojo nació en Buenos Aires en 1954. Es doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires y trabaja como investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Ha publicado, en poesía: Visiones (1984),Forma oculta del mundo (1991) y Esperan la mañana verde (1999); en ensayo: La "barbarie" en la narrativa argentina (siglo XIX) (1999), Cuentistas argentinos de fin de siglo (1997), Sábato: en busca del original perdido (1997), El símbolo: poéticas, teorías, metatextos (1997); y en narrativa: Marginales (1986), Canción perdida en Buenos Aires al Oeste (1987), La pasión de los nómades (1994), La princesa federal (1998), Una mujer de fin de siglo (1999), Historias ocultas en la Recoleta (2000) y Amores Insólitos de nuestra historia (2001).Obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985) y en novela (1986). En 1999 se le otorgó el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California, por su "valioso aporte a la literatura hispanoamericana".Ganó la Beca para la Creación Artística de la Fundación Antorchas (año 1991), y la Beca de Creación Artística del Fondo Nacional de las Artes en 1992.

Obtuvo, entre otros, el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984), el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985) y en novela (1986), el Segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires "Eduardo Mallea", en narrativa. En 1999 se le otorgó el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California, por "su valioso aporte a la literatura hispanoamericana".

 

 
     
   
 

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