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El autor presenta un estudio matemático formal sobre tres mecanismos de defensa básicos (proyección, negación y racionalización) según el modo en que se relaciona en el discurso público del sujeto en su formulación discursiva conjunta, denominados Mecanismos de Defensa Verbalizados (MDV). Primero, establece que proyección y negación pueden examinarse matemáticamente como funciones y sobre esta base presenta una tipología de los mecanismos de defensa simples de proyección y negación en sus formas generales y su composición matemática.A continuación, se examina la aparición y el uso público del discurso defensivo como fenómeno compuesto por tres elementos: mecanismo de defensa, verbalización de defensa y comportamiento de defensa. Luego, propone la descomposición de la verbalización de defensa en dos partes, una declarativa y otra argumentativa, correspondiendo a esta última a la expresión de la racionalización.Posteriormente, presenta una tipología general de los MDV examinados y finalmente propone un modelo del proceso general de aparición y uso de las defensas estudiadas.
Palabras clave:Mecanismos de defensa; Análisis formal; Negación; Proyección; Racionalización.
Abstract
The author presents a mathematical study about three basic defense mechanisms (projection, negation, and rationalization), according to the way as they relate each other in the person’s public discourse, in their discoursive formulation as a whole, reason why here they were called “Verbalized defense mechanisms” (VDM).First, the author establishes that projection and negation can be mathematically examined as functions, and in base to this idea, he proposes a basic typology of the basic defense mechanisms of projection and negation in their general forms and in their mathematical composition.Then he examines the appearance and public use of the defensive discourse as a phenomenon composed by three elements: Defense mechanism, Defense verbalization, and Defense behavior; then he proposes the decomposition of the defense verbalization into two parts, a declarative one, and an argumentative one, corresponding to this latter the verbal expression of the rationalization.Thereafter, the author presents a tgeneral typology of the examined VDM, and last he presents a model of the general process of appearance and use of the here studied defenses.
Key words: Defense mechanisms; Formal analysis; Negation; Projection; Rationalization.
1. Introducción.[1]
¿Es posible inferir estados mentales sobre la base del discurso?Ciertamente lo es.De hecho, los comunicadores lo hacen continuamente y sin ello sería imposible la comunicación. Sin embargo, no siempre tal inferencia es exacta, ni siempre el discurso ordinario resulta transparente a tal proceso inferencial ordinario.El análisis del discurso como disciplina es la llave que permite abrir la puerta a fenómenos que sin su ayuda permanecerían opacos u ocultos a la percepción del oyente o al receptor del discurso.Hay, por lo demás, multitud de métodos de análisis del discurso,consagrados por el uso; acá se propone uno que, sin pretensión de originalidad total, presenta cierta novedad, el cual está dirigido específicamente a encontrar la estructura de la argumentación defensiva en el discurso ordinario del sujeto, mediante un análisis formal.
Con el método propuesto se pretende poder llegar a descubrir la defensa, oculta en los meandros de un discurso ordinario que muchas veces se presenta elusivo, ocultador del estado psicológico del hablante.En tal sentido, las herramientas de análisis se basan en un enfoque matemático formal (que no es formalista), en el sentido de que se procura discernir los componentes básicos del fenómeno y mostrar sintéticamente las relaciones que entre ellos se presentan.El estudio desemboca en una taxonomía de los diferentes tipos que presentan el fenómeno analizado y muestra la utilidad que este tipo de método de análisis puede tener en diversos terrenos como los de la retórica, el psicoanálisis, la psiquiatría y la psicología.
El empleo de mecanismos de defensa (en adelante, MD) por parte de un sujeto es algo natural, y desde sus primeras formulaciones científicas por S. Freud a fines del siglo XIX, a su sistematización parcial por A. Freud a mediados del siglo XX (Freud, 1974), hasta hoy día, ha mostrado su utilidad y ya han pasado del campo conceptual del psicoanálisis al de la retórica y la sociología (específicamente, véase Benoit, 1995) a la psiquiatría y a la psicología (Kernberg, 1987; Meissner, 1989; Miller, 1979; Pichot, 1995, Apéndice B; Schwartz y Solomon, 1972), aunque en general la recepción no parece ser muy amplia ni cordial (véase la nota 5, al final).Así, en todo caso, no se trata ni de un concepto exclusivo del psicoanálisis, ni de uno de realidad cuestionada, como ocurre con otros constructos en diferentes ciencias.[2]
Las defensas psicológicas, pues, están allí, háblese del Yo, del Sujeto, o simplemente del Sistema psicológico o cognitivo. Una cuestión bien diferente a la de su existencia, empero, es la de si tiene sentido hablar de mecanismos. Consideramos que no sólo es correcto, sino necesario.No porque la mente humana funcione como una máquina, sino porque se la puede estudiar, en lo que hace a fenómenos como las defensas, como un aparato procesador de símbolos, si bien no necesariamente algorítmico ni lineal (Massaro and Cowan, 1993; Suppes et al., 1994).
La elaboración de defensas es, en cada caso, un mecanismo simplemente porque consiste en un proceso de generación de algo sobre la base de unos insumos por parte de un sistema, en este caso el sistema psicológico (sobre la noción de mecanismo, consúltese a Elster, 1983, 1993; también Real Academia, 1990)[3]. Esto no quiere decir que se trata de un proceso sencillo, ni tampoco necesariamente complejo: eso hay que determinarlo para cada defensa.En este sentido, presentamos un estudio formal -esto es, en lenguaje simbólico matemático- de las formas básicas de ciertos mecanismos de defensa que son expresados en el discurso ordinario, sin pretender haber logrado un examen matemático completo de los fenómenos involucrados.[4]
Ahora bien, contra lo que en un primer momento pudiera parecer al lector, nuestra investigación es fundamentalmente cualitativa.Para que un examen de este tema sea completamente matemático (esto es, también y necesariamente cuantitativo) habrá que desarrollar a fondo aspectos que no se abordan, especialmente respecto de la determinación de las formas, las raíces, etc., de las funciones halladas, como así también del examen de los valores numéricos pertinentes.No nos hemos atrevido a manipular cantidades en las relaciones sugeridas porque consideramos que ello es materia, principalmente, para un análisis propiamente cuantitativo y empírico que permita determinar, por ejemplo, los valores que se deben asignar a las funciones, si bien con decir esto no pretendemos negar que tal determinación también pueda hacerse por la vía puramente teórica, mediante la postulación y ajuste de un modelo hipotético.[5]
2. Proceso psíquico, Razonamiento, Discurso y Representación.
Si bien un MD, como otros fenómenos psiquiátricos, pueden ser rastreados en el discurso (Gottschalk y Lolas, 1987), está claro que no todo MD amerita ser verbalizado, ni, menos aún, ser expresada discursivamente.Así, en punto a la representación del fenómeno, podemos partir del hecho de que todo MD es, al menos en principio, rastreable en el habla del sujeto, pues la estructura de un proceso psicológico defensivo puede ser explorada indirectamente en lo verbal, incluso en lo no elaborado para formular la defensa, lo cual no implica, por supuesto, que la estructura discursiva resultante sea plenamente isomórfica con la del mecanismo, ni que sea racional o incluso coherente.
En un sentido general, pocos mecanismos psíquicos llegan a expresarse de manera limpia en el discurso ordinario y aun aquellos que tienen tal expresión, es dudoso que una representación formal basada en los puros datos verbales pueda sintetizar toda la complejidad del proceso cognitivo subyacente: el lenguaje verbalizado constituye sólo la superficie de ciertos procesos psíquicos -no necesariamente cognitivos ni conscientes-, y es su producto más o menos acabado (esto es, retocado) y adaptado al molde de las formas lingüísticas (esto es, forzado) que el sujeto ha de darle al proceso, por lo que puede ser muy diferente de éste, aunque transformable en una forma equivalente (esto es, traducible).
De allí tenemos que la representación formal del proceso, si está basada solamente en el discurso, puede ser distinta en su forma al fenómeno psicológico, por lo cual diremos que con los modelos que presentamos aquí no hemos pretendido atrapar toda la riqueza que cada mecanismo estudiado debe presentar.Esto conduce, por cierto, a pensar en la necesidad de una representación que integre varios niveles, desde el más profundo hasta el más superficial. Recurrir a una Gramática Generativa parece inevitable, pero baste aquí con, simplemente, plantearlo como una posibilidad, bien explorada por Foulkes en el terreno específicamente onírico (Foulkes, 1979).
Ahora bien, de los procesos defensivos, dado que se trata de mecanismos, debe ser posible, al menos en principio como dijimos, hallar su representación formal.En este sentido, podemos considerar al sistema psicológico del sujeto -aunque sólo en sentido metafórico- como una suerte de “máquina” que (en cuanto a la defensa) funciona de acuerdo con los mecanismos del caso.Empero, se trata de una noción confusa: no pretendemos que el sistema cognitivo sea una “máquina suave” (como lo creen muchos expertos de la IA), ni que un enfoque meramente mecanicista fisicalista pueda dar cuenta de su funcionamiento; decimos más bien (manteniéndonos en lo metafórico) que se lo puede examinar como una máquina procesadora de símbolos, compuesta sólo por partes físicas (el cerebro) pero cuyo funcionamiento incluye variables no materiales, enfoque por demás aceptado hoy día (Massaro and Cowan, 1993; Suppes et al., 1994).Creemos, pues, que el enfoque materialista (Bunge, 1981; ver discusión en Widlöcher, 1995) es el más adecuado, aunque no el único posible, pues una cosa puede ser representada de n maneras: la cuestión es cuál de ellas resulta más adecuada clínica y científicamente.
Alguien podrá preguntar para qué puede servir la formalización matemática y si es adecuada para asuntos psiquiátricos altamente complejos (como serían los MD). Esto ha sido contestado antes y se ha demostrado positivamente (cfr. Balzer, 1997), aunque la pregunta, extrañamente, sigue formulándose. Sólo diremos que la respuesta es sencilla: la formalización, al emplear un instrumental estandarizado y confiable, permite dar exactitud a conceptos vagos y separar cuestiones que en el lenguaje ordinario aparecen mezcladas, lo que permite hallar falacias y errores no evidentes cuando los constructos y teorías se encuentran en lenguaje común.
Por supuesto, muy otra cosa es que, en general, se aplique la matemática correctamente y, ya en particular, que el análisis sea correcto.Al respecto, como en toda elaboración científica, hay dos caminos fundamentales de verificación: en cuanto a la exactitud y validez de la formulación simbólica presentada, se puede recurrir a la prueba matemática, esto es, a la demostración (o refutación) formal de lo que se proponga; y en cuanto a la validez empírica se puede apelar a la prueba experimental, esto es, a la comprobación (o rechazo) del modelo en la realidad.De modo que si la teorización es necesaria, sólo el análisis formal y la experimentación, seguidas de la replicación y la eficacia clínica, permiten concluir si una teorización es correcta.Agreguemos que por tratarse de toda una problemática adicional, esto queda fuera de los límites de nuestra investigación: sólo nos proponemos presentar un modelo.
Finalmente quisiéramos hacer notar algunas cuestiones importantes en materia de representación; creemos que debe distinguirse entre (a) el proceso cognitivo que sigue al sistema psíquico del Sujeto (que es, en parte, inconsciente), (b) el razonamiento lógico (o, en realidad, más o menos lógico) que conscientemente sigue el Sujeto para estructurar su argumentación defensiva, (c) la expresión verbalizada de tal argumentación en el discurso y (d) la representación simbólica (matemática) del proceso cognitivo -la defensa y su mecanismo en nuestro caso-, algo que quizás no siempre es posible.Una teoría adecuada sobre este tema deberá mostrar cada una de estas posibilidades e indicar qué reglas de transformación se deben utilizar para traducir unas formas en otras.[6]
3. Los mecanismos de defensa del Yo.
Definiremos los Mecanismos de Defensa (MD) como los métodos o procesos psíquicos conscientes e inconscientes mediante los cuales un sujeto afronta las situaciones que le resultan psicológicamente desagradables, o que considera conscientemente, o siente inconscientemente, como atentatorias contra el Yo.La situación que en la concepción psicoanalítica de los MD conduce a que se inicie el mecanismo es una en la cual el Yo del Sujeto se ve confrontado con una situación que le genera tensión debido a que se ve amenazada su integridad (cf. Laplanche y Pontalis, 1974, pp. 87ss; Miller, 1979; Pichot, 1995, p. 767).[7]
Según A. Freud (1974, Cap. IV, pp. 51ss.), el término “defensa” es el más antiguo representante del enfoque dinámico en la teoría psicoanalítica. Apareció por primera vez en 1894, en el estudio de S. Freud acerca de las Neuropsicosis de defensa, aunque posteriormente S. Freud usó el término “represión”. Recién en 1926 S. Freud retomó el concepto de las defensas para las técnicas del Yo de protección contra exigencias instintivas, ideas y afectos dolorosos e insoportables y conflictos y amenazas de conflicto susceptibles de conducir a la neurosis.
Si bien el uso de los MD resulta universal, su producto (las defensas) son herramientas del aparato psíquico que pueden usarse de varias maneras: su empleo per se (o sea, considerado por sí solo) por un sujeto no resulta señal de formaciones psicopatológicas (como la esquizofrenia), moralmente negativas (como la maldad), o simplemente defectuosas (como la estupidez).Así pues, un MD puede ser empleado o no de modo patológico, por un sujeto adaptado o no, enunciando una verdad o una mentira (o una media verdad), de modo consciente o inconsciente (o parcialmente consciente), etc.: todo esto conduce al terreno del discurso de la mentira (p. ejem. Castilla, 1988), de la cognición inconsciente y del discurso patológico (p. ejem., Gori, 1980; Gottschalk y Lolas, 1987), que no nos conciernen acá.Sólo diremos, rápidamente, que a un MD se lo emplea de modo patológico cuando forma parte argumental de un fragmento discursivo patológico: puesto de esa forma, eludimos un problema que no nos atañe, como es el de elucidar qué es lo patológico en el discurso defensivo.[8]
Ahora bien, el constructo de los MD debería constituir un nodo interdisciplinar en el que convergiesen las disciplinas de análisis del discurso y de lo psíquico; lamentablemente no es así (aún).Digamos solamente como ejemplo que este fenómeno guarda una estrecha relación con el constructo de la Disonancia Cognitiva (DC), propio (o quizás exclusivo) de la teoría psicológica: esta relación, aunque por demás evidente, ha estado lejos de ser examinada sistemáticamente en la literatura de las disciplinas de lo psíquico.[9]La importante relación (en términos de conflicto psicológico) entre MD y DC[10] queda en evidencia en la revisión que lleva a cabo Aronson (1976) de la teoría de la DC.[11]
Asimismo, en este terreno la colaboración con el Conductismo resultaría deseable en cuanto a que en las clasificaciones usuales de los MD se ha dejado de lado tres fenómenos obvios, quizás precisamente porque han sido estudiados por el Conductismo, aunque no se hayan catalogado como MD -no hay lugar en el Conductismo radical para tal cosa-: se trata de la Adaptación, la Evitación y el Escape: los tres forman parte de las llamadas Reacciones de defensa específicas de muchas especies (si no es que de todas).[12]
En todo caso, hay un amplio consenso en la literatura de investigación específica sobre el tema en cuanto a la existencia, la importancia y la definición genérica del fenómeno. Aunque el acuerdo no es el mismo cuando se trata de determinar las clases de MD’s que existen, hay muy diferentes tipologías, con variaciones sobre unos 10 tipos básicos; incluso hay quien llega a incluir fenómenos como el altruismo, el ascetismo o la sexualización, lo cual parece ampliar demasiado la categoría de MD y hacerla inútil.En todo caso, nos interesa una clase específica de MD que no parece haber sidoanalizada como tal en la literatura especializada, atinente a la verbalización discursiva de uno o más MD.
Se pueden presentar formas complejas de MD que, si bien quizás no fueron muy estudiadas, requieren cuanto antes de una clasificación normalizada: este es un problema de la investigación taxonómica que resulta ineludible para una labor como la de elaborar el DSM-V, por ejemplo, la tipología de los MD debe extenderse a partir de los tipos básicos para considerar las diferentes formas compuestas. Esto implica varios subproblemas por resolver, a saber: (a) tipos de MD compuestos según la cantidad de MD simples (lo cual generará MD binarios, terciarios, etc.); (b) compatibilidad entre MD simples, considerada en al menos tres planos: compatibilidad cognitiva, cronológica y discursiva; (c) tipos de MD compuestos según diferentes criterios, como tipo de personalidad, de estímulos desencadenantes o de afección psiquiátrica; (d) determinación de formas compuestas posibles e imposibles, sobre la base de las pautas de compatibilidad encontradas.
Se debe tener presente que la categoría de los MD puede tornarse inútil si se la extiende indiscriminadamente, lo cual ocurre si se incluyen en el constructo procesos de naturaleza muy diferente. Por ello, consideramos necesario distinguir entre (a) los Mecanismos de Defensa considerados como las operaciones cognitivas de defensa, o el mecanismo propiamente dicho, que puede ser consciente o no y (b) los Procesos Comportamentales de Defensa, que incluyen no sólo las operaciones psicológicas o cognitivas propias del mecanismo como tal, sino también los procesos comportamentales verbales y no verbales asociados a la defensa, tales como, en lo verbal, su manifestación discursiva mediante, por ejemplo: la protesta, la negación o la racionalización; y en lo no verbal, su expresión conductual por medio de, por ejemplo: la evitación, el aislamiento o el escape (ver especialmente Moore y Fine, 1997, pp. 121-124).
Se puede, pues, postular que un proceso defensivo es un fenómeno complejo, en cuanto a que implica sub-procesos no puramente psíquicos, que tales procesos son de diferente naturalezadirectamente relacionados, y que, al menos en potencia, incluye tres cuestiones bien diferenciables: la defensapsicológica, su verbalización y el comportamiento no verbal; se trata de una tríada de actividad defensiva del sujeto: el mecanismo psicológico de defensa (MD), la verbalización de la defensa (VD) y el comportamiento defensivo (CD). Formalmente, puede ser representado como una tríada ordenada {MD, VD, CD}, para la cual podríamos hipotetizar que el orden tiene carácter cronológico (sobre las estrategias como componentes de una defensa más amplia, vid. Benoit, 1995, pp. 158-159).
Lo anterior permite apreciar que en este trabajo nos ocuparemos, no sólo de ciertos MD estrictamente hablando (proyección, negación y racionalización), sino de sus procesos comportamentales de defensa en su expresión verbalizada. A los efectos de nuestro estudio, añadiremos que los MD a estudiar resultan verbalizados porque requieren de su expresión social en forma discursiva; esto es, los empleados en el discurso por el sujeto ante los otros y agregaremos que en ellos la situación perturbadora (sea real o supuesta, lo cual en principio es indiferente) implica la responsabilidad del sujeto sobre cuestiones que le comprometen legal o moralmente ante los demás, lo cual añade el factor publicidad al contexto del fenómeno.
4. Los mecanismos de defensa verbalizados.
Los mecanismos de defensa forman parte de un fenómeno que se ha estudiado extensamente en la retórica (vid. Benoit, 1995). Benoit lleva a cabo una extensa revisión de la literatura sobre las estrategias retóricas para restaurar la propia imagen ante un ataque, sobre la base de la evidencia empírica y experimental; presenta una lista que resume la enorme proliferación de tipos de estrategias defensivas en la literatura especializada (ver su Tabla 3.1, en pp. 51-61), variedad que sintetiza en una tipología (ver su Tabla 4.1., p. 95), y presenta una teoría propia acerca del tema, una Teoría del Discurso para la Restauración de la Imagen, que la somete a examen en el estudio de ciertos casos clásicos en los EEUU (ver una revisión crítica de Benoit en Jaehne, 2000).
Los procesos defensivos del sujeto que, dado su contexto (público) requieren necesariamente de una emisión discursiva en forma argumental (procesos de explicación o justificación verbalizados y argumentativos) al exponer razones ante los demás, le permiten al Yo una defensa pública que aparece como indispensable. Los llamaremos Mecanismos de Defensa Verbalizados (MDV). Se trata de MD empleados corrientemente en el discurso, pero que no implican necesariamente la consciencia por parte del sujeto del proceso psicológico que subyace, esto es, del mecanismo que ejecuta su sistema psicológico, pues la defensa bien puede ser, por ejemplo, inconsciente y sincera, sea o no empíricamente correcta, esto es, cierta o veraz (acerca del uso de las defensas complejas, vid. Benoit, 1995, Chapter 9).
En este trabajo nos vamos a concentrar sólo en dos clases de los MD verbalizados que resultan plenamente pertinentes para nuestro tema porque tienen tres factores en común, a saber: (a) la manipulación intertemporal de la licitud atribuible a la conducta propia o ajena, (b) el ser alegatos sobre la persona (ad hominem o pro hominem, esto es, acerca de la persona, o sea el sujeto, o sea Otro, sea un Tercero), mas no verdaderos razonamientos o argumentaciones que ataquen la argumentación del otro (en cuanto a su veracidad -empírica-, su validez -lógica-, o su licitud -ética-). Estos procesos dejan de lado el examen de los hechos para pasar a alegar sobre el Otro, un tercero o acerca de sí mismo[13] y, finalmente, (c) el ser empleados en el discurso público, esto es, presentados ante los demás bajo una forma argumentativa básicamente exculpatoria.
La conjugación de las características referidas muestra a las claras que estos MD no encajan en ninguno de los tipos simples de MD de las tipologías existentes, dado que, por una parte, son manifestados del propio sujeto en su discurso público, puesto que usualmente éstos son procesos psicológicos intracognitivos e inconscientes (o sólo parcialmente conscientes).Por otra parte, nuestros mecanismos involucran la racionalización; se trata de manipulaciones argumentales (de la responsabilidad y la temporalidad) que se basan en el suministro de razones usualmente erradas, falsas, etc.Y finalmente, estos mecanismos involucran a una o dos operaciones simbólicas: la negación de lo predicado y la proyección sobre el otro u otros de las características negativas que el sujeto considera que se le han asignado si es objeto de ataque o crítica.
Dada esta naturaleza compleja de los MD bajo estudio, resultaría inadecuado tratar de subsumirlos bajo uno de los tipos ya fijados en la literatura especializada, en tanto que el clasificarlos como una suerte de MD “complejos” o simplemente sui generis, aclararía poco o nada sobre su naturaleza.Es por ello que sospechamos que esta categoría puede ser considerada como una nueva clase de MD que, si bien como fenómeno empírico siempre se han presentado desde que existe la comunicación discursiva humana, hasta ahora (y hasta donde alcanza nuestra información) no se los había examinado en detalle.
5. Dos funciones defensivas: Proyección y Negación.
El concepto de Proyección se ha estudiado desde S. Freud. Significa una operación psíquica de acuerdo con la cual el sujeto pone en otro cualidades o características que, siendo o considerándolas consciente o inconscientemente como suyas propias, le resultan incómodas o desagradables.Laplanche y Pontalis (1974, p. 317) la definen como una operación por la que el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro cualidades que no reconoce o rechaza en sí mismo (ver Moore y Fine, 1997, pp. 315-316).
El DSM-IV presenta un concepto similar: la atribución incorrecta a los demás de sentimientos, impulsos o pensamientos propios que le resultan inaceptables al sujeto.[14]Suppes and Warren (1975, p. 405) definen los MD, desde un punto de vista matemático, como transformaciones de proposiciones (habiendo antes explicitado su empleo de “proposición”) mediante una función que “mapea” proposiciones inconscientes en proposiciones conscientes: nosotros, empero, consideramos que ello no es lo principal.[15]
En tal sentido, a fin de lograr una representación formal de este fenómeno, examinemos ahora el concepto de Función (f).Una función matemática relaciona dos conjuntos de cosas cualesquiera (A y B, por ejemplo) de manera que una operación aplicada sobre un conjunto (afectando, digamos, a un x que pertenece al conjunto A) genera un elemento que pertenece al otro conjunto (digamos, un y, perteneciente al conjunto B), lo cual suele simbolizarse como y = f(x), lo que indica que al llevar a cabo la o las operaciones que implican la función f, sobre el elemento x, se “obtiene” el elemento y (véase Mosterín, 1987; Warusfel, 1977).
La operación psicológica de la Proyección se podrá estudiar como una función si mediante tal operación aplicada sobre un constructo x se obtiene un nuevo constructo y, donde x e y pertenecen, respectivamente, al conjunto de atributos o características psicológicas del Sujeto y del Otro, siendo x calificado de modo negativo por el sujeto.El fenómeno de la proyección puede entonces analizarse formalmente, puesto que se trata de una función (o al menos, consideramos que se lo puede analizar como tal).A este fin, comencemos por recordar que toda proyección psicológica defensiva implica la inversión del argumento y esto se puede representar matemáticamente si convenimos que la proyección de algo (un a, por ejemplo) lo constituye su recíproco o inverso; así, simbolizaremos la función psicológica de proyección como Py, y convendremos en que Py(a)= 1/a.
Ahora bien, debemos considerar que si bien la proyección pareciera implicar una sola operación (la inversión), de acuerdo con la concepción aceptada del fenómeno en Psiquiatría y Psicoanálisis, la proyección propiamente defensiva en realidad implica dos operaciones: (i) la permutación de los sujetos (sustitución del Yo por el Otro), y (ii) la inversión del sentido del predicado argumental (inversión de la dirección de lo que se predica del sujeto del argumento).
Cuando tenga lugar sólo la primera de tales operaciones cabe hablar de “proyección simple”, en tanto que cuando tengan lugar ambas, cabe hablar de “proyección compuesta”; empero, a fin de simplificar la exposición, cuando en adelante se hable de “proyección” se estará haciendo referencia a la proyección compuesta.
Por ello convendremos que en cuanto a la inversión del sujeto, Py(Yo)=1/Yo= Otro, y viceversa, o sea, Py(Otro)= 1/Otro= Yo; y en cuanto a la inversión del predicado, Py(exculpar)=1/exculpar= inculpar, y viceversa, esto es: Py(inculpar)= 1/inculpar= exculpar; por ello, por ejemplo, si un sujeto es (o siente, o cree ser) culpable de algo -considerable como- reprensible, la proyección de su culpabilidad, expresada mediante [Yo soy inocente], será [El/Ella es culpable], y viceversa.
Por otra parte, el concepto de Negación también se ha estudiado al menos desde S. Freud; mediante este término se significa una operación psíquica de acuerdo con la cual el sujeto o bien niega la existencia o la relevancia de algo, o bien niega poseer una cualidad que considera consciente o inconscientemente como negativa o desagradable: en realidad, ambas cuestiones se pueden subsumir bajo la misma, aunque a la primera se le ha denominado Renegación y a la segunda Negación propiamente dicha.Laplanche y Pontalis (1974, pp. 243 y 378) las definen como la operación en que el sujeto niega que le pertenezcan deseos o sentimientos hasta entonces reprimidos (negación) y como la operación en que rehúsa reconocer la realidad de una percepción traumatizante (renegación).En el DSM-IV se presenta un concepto similar de negación: el sujeto se niega a reconocer aspectos dolorosos de la realidad externa o la experiencia subjetiva (véase Moore y Fine, 1997, pp. 362-363).
La función de la negación psicológica también se puede representar matemáticamente si se considera que invierte el signo del fragmento discursivo al que se aplica, esto es: la negación de algo (a, por ejemplo) la constituye su opuesto, lo que representaremos mediante el símbolo de Ng, de donde convendremos en que Ng(a)=~a.La negación implica normalmente una sola operación: el negar, sea mediante la postulación de que lo rechazado por el sujeto es en realidad (según él o ella) inexistente; o bien sea mediante la postulación de que eso en realidad tiene un signo contrario [Respectivamente: Yo no soy un x, o Eso no ocurrió; y Eso no es cierto, o Eso es falso].
6. Tipología básica de las defensas bajo estudio.
El uso común de las funciones de proyección y negación y, especialmente en un contexto público, muestra a las claras que ambas operaciones tienen que ver con el grado subjetivo estimado de licitud de la conducta del sujeto.[16]En tal sentido, vamos a definir la manipulación de la licitud del comportamiento como el manejo no objetivo (esto es, sometido a la subjetividad y por tanto con una alta probabilidad de ser arbitrario) de dos aspectos de tal cuestión: (a) el de la responsabilidad negativa asociada al comportamiento del Sujeto, esto es, de la culpabilidad, sea actual o potencial; y (b) el asociado a la equidad en la facultad de juzgar del Otro, o sea, del sesgo en el juicio del otro, sea actual o potencial.Cuando acá decimos “actual o potencial” nos referimos a que en el MD se puede aludir a una conducta presente, pasada o futura, que constituye la manipulación intertemporal.
Primeramente, en cuanto a la manifestación o descargo de la culpa propia o ajena por parte del Sujeto, consideraremos lo siguiente: (a) dos modos de manejo de la culpa: los inculpatorios, o de asignación de la culpabilidad, y los exculpatorios, o de eliminación de la culpabilidad; (b) el objeto de la argumentación: si consideramos que el individuo a quien se inculpa o exculpa puede ser el propio Sujeto (autoatribución) o el Otro (alteroatribución), se tienen cuatro formas básicas de manejo defensivo de la culpa.
Esto se muestra en la Figura 1: definidos brevemente, tenemos: (a) la autoexculpación (Aux), consiste en negar que se tenga culpa; (b) la alteroinculpación (Aln), consiste en afirmar la culpa del Otro o de un Tercero. Se aprecia, con facilidad, que se descartan los tipos Alx y Aun (alteroexculpación y autoinculpación).
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Objeto de la argumentación |
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Sujeto |
Otro |
Manejo de |
Exculpar |
Aux |
Alx |
la culpa |
Inculpar |
Aun
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Aln |
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FIGURA 1: Tipos de manejo defensivo de la culpabilidad.
Por otra parte, en cuanto a la crítica sobre la facultad de juzgar al Otro por parte del sujeto, podemos a su vez considerar (a) la aseveración de existencia de una probabilidad de sesgo del Otro a favor (sesgo positivo o favorable) o en contra (sesgo negativo o desfavorable) del sujeto o de un tercero; y en segundo lugar, (b) tal sesgo del Otro podría afectar al Sujeto o bien a un Tercero.Lo anterior se resume en la Figura 2: definidos brevemente los tipos obtenidos, se tiene: (a) sesgo en contra del Sujeto (autodesfavorable), implica que el juicio del Tercero o del Otro será perjudicial para el Sujeto, y (b) sesgo a favor del Tercero (alterofavorable), que supondría que implica también una desventaja para el Sujeto. Se aprecia fácilmente que se descartan los tipos Ald y Auf (sesgo alterodesfavorable y sesgo autofavorable)[17]
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Objeto de la argumentación |
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Sujeto |
Otro |
Facultad de |
Sesgo
en contra |
Aud |
Ald |
juzgar |
Sesgo
a favor |
Auf |
Alf
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FIGURA 2: Tipos de manejo defensivo de la
crítica a la facultad de juzgar del Otro.
La manipulación argumental de la licitud del comportamiento involucra, pues, dos aspectos: la culpa y el sesgo. Consideramos que por su importancia deben examinarse prioritariamente, mas no nos atrevemos a aseverar que sean los únicos posibles.Ambos pueden predicar tanto del Yo cuanto del Otro en el discurso defensivo, y ambos pueden expresarse en forma afirmativa o negativa.Todo esto se muestra sintéticamente en la Figura 3, en que se presentan ocho mecanismos, pero debe recordarse una vez más que ésas no son necesariamente las formas que los MD presentan en el proceso cognitivo del sujeto, sino en su forma discursiva simple (en su estructura psicológica una vez verbalizada).
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Manipulación de la culpa
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Manipulación del sesgo |
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Forma afirmativa |
Forma
negativa |
Forma
Afirmativa |
Forma negativa |
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Formas defensivas del Yo |
Aux |
~Aun |
Aud |
~Auf |
MDVd |
Operación efectuada |
Afirmación simple de inocencia |
Negación simple de culpabilidad |
Afirmación de sesgo en contra |
Negación de sesgo a favor |
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Formas acusativas del Otro |
Aln |
~Alx |
Alf |
~Ald |
MDVi |
Operación efectuada |
Py(Aux) |
Py(~Aun) |
Py(Aud) |
Py(~Auf) |
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Figura 3: Formas básicas de los mecanismos de defensa verbalizados directos (MDVd) y su proyección (mecanismos indirectos: MDVi).
De los ocho MD presentados en la Figura 3, los cuatro de la primera fila, denominadas formas defensivas del Yo, presentan una argumentación centrada en el Yo, esto es, tienen al Yo como sujeto del argumento, en tanto que las cuatro de la segunda fila, denominadas formas acusativas del Otro, tienen al otro como sujeto del argumento, esto es, se centran en el otro.Evidentemente, mientras que aquellos serían “verdaderos” MD, estos parecieran no serlo, porque no envuelven a la argumentación alrededor del Yo, sino del Otro.
La traducción de la simbolización es la siguiente:
(1) Aux:Autoexculpación o exculpación del propio sujeto; alegato de que es inocente: [Soy inocente].
(2) ~Aun: Negación de inculpación del sujeto o alegato de que el sujeto no es culpable: [No soy culpable].
(3) Aud:Aseveración del sujeto de que existe un sesgo en su contra por parte del otro: [El/ella está predispuesto/a en mi contra].
(4) ~Auf: Negación del sujeto de que exista un sesgo en su favor por parte del otro: [Ella/él no está predispuesta/o a mi favor].
Ahora vamos a examinar lo que ocurre con estas formas básicas de los MD cuando se les aplican las funciones de proyección y negación. En primer término, si se aplica la función de proyección (Py) a cada uno de los primeros, se obtienen las otras cuatro formas, a saber:
(5) Py(Aux): 1/Aux= Aln: Alteroinculpación o inculpación del otro; o alegato de que el otro es culpable: [El/ella es culpable].
(6) Py(~Aun): 1/~Aun= ~Alx: Negación de la Alteroexculpación, o no exculpación del otro; o alegato de que el otro no es inocente: [Ella/él no es inocente].
(7) Py(Aud): 1/Aud= Alf: Alegación del sujeto de que existe un sesgo en favor de un tercero por parte del otro: [El/ella está predispuesto/a en favor del otro].
(8) Py(~Auf): 1/~Auf= ~Ald: Negación del sujeto de que exista un sesgo en contra de un tercero por parte del otro [Ella/él no está predispuesta/o en contra del otro].
Se puede apreciar ahora que los segundos MD de la Figura 3 efectivamente constituyen MD si se tiene en cuenta que (i) la acusación del Otro es hecha por el Yo, con el objetivo de defenderse o excusarse y (ii) estos mecanismos involucran una proyección hacia el Otro de características negativas que tendría el Yo.Es así como, en fin, a los primeros mecanismos (Defensas del Yo) los denominaremos Mecanismos de Defensa Verbalizados Directos (MDVd) y a los segundos, Mecanismos de Defensa Verbalizados Indirectos (MDVi). Podemos concluir entonces que los MDV indirectos, que inicialmente parecían ser MD “no auténticos”, en realidad son verdaderas defensas, que consisten en la proyección defensiva (inversión de sujeto y de argumento) de los MDVd sobre el Otro.
Ahora bien, hasta aquí hemos obtenido una clasificación de las formas básicas de los MDV directos e indirectos, pero, extendiendo nuestro enfoque formal, debemos ahora considerar a continuación lo que ocurre cuando ambas clases de mecanismos son presentados en su forma negativa, o sea, negados en el discurso del sujeto para generar su forma opuesta, esto es, la aplicación de la función de negación al MDVd y a su proyección, el MDVi. Aunque nuestro análisis será muy breve, porque consideramos que el examen del uso de estas formas derivadas es básicamente un problema de una disciplina como la retórica.Al respecto, véase la Figura 4.
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Manipulación de la culpa
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Manipulación del sesgo |
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Forma negativa |
Forma afirmativa |
Forma negativa |
Forma afirmativa |
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Formas acusativas del Yo |
~Aux |
Aun |
~Aud |
Auf |
~MDVd |
Operación efectuada |
Negación de inocencia |
Afirmación de culpabilidad |
Negación de sesgo en contra |
Afirmación de sesgo a favor |
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Formas defensivas del Otro |
~Aln |
Alx |
~Alf |
Ald |
~MDVi |
Operación efectuada |
Ng(Py(Aux)) |
Ng(Py(~Aun)) |
Ng(Py(Aud)) |
Ng(Py(~Auf)) |
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Figura 4: Negación de los mecanismos de defensa verbalizados directos
(MDVd) y de su negación (Mecanismos de desprendimiento).
De acuerdo con nuestra notación reconocemos ahora:
(i) Negación de los MDV directos:
(1) ~Aux:Negación de la autoexculpación, o alegato de que el sujeto no es inocente: [Yo no soy inocente].
(2) ~(~Aun): Aun: Negación de la negación de la autoinculpación, o expresión de que el propio sujeto es culpable: [Yo soy culpable].
(3) ~Aud:Negación de la existencia de sesgo del otro en contra del sujeto:[El/ella no está predispuesto/a en mi contra].
(4) ~(~Auf): Auf: Negación de la negación de la existencia de sesgo en favor del sujeto, o expresión de que el juicio del tercero está sesgado en favor del sujeto:[Ella/él está predispuesta/o en mi favor].
(ii) Negación de los MDV indirectos:
(5) ~Aln:Negación de la alteroinculpación, o alegato de que el otro no es culpable: [El/ellano es culpable].
(6) ~(~Alx): Alx:Negación de la negación de la alteroexculpación, o alegato de que el otro es inocente: [Ella/éles inocente].
(7) ~Alf:Negación de la existencia de sesgo del otro en favor de un tercero: [El/ella no está predispuesto/a en favordel otro].
(8) ~(~Ald): Ald:Negación de la negación de la existencia de sesgo del otro en contra de un tercero, o expresión de que el juicio del tercero está sesgado en contra del otro:[Ella/él está predispuesta/o en contra del otro].
Observamos que, en tanto que la negación de la defensa propiamente dicha (esto es, la operación ~MDVd) constituye la acusación de sí mismo, la negación de la proyección de la defensa, o sea, la negación de su inversa (esto es, ~MDVi) constituye la defensa del Otro.Esto muestra que, partiendo de los mecanismos de defensa verbalizados centrados únicamente en el Yo (MDYo) y mediante la aplicación de las dos funciones referidas de Proyección y Negación, se obtienen todos los demás mecanismos, los de acusación del Yo (MAYo), de acusación del Otro (MAOtro) y de defensa del Otro (MDOtro), lo que conduce al terreno de los que Bibring y Lagache denominaron Mecanismos de desprendimiento, que no examinaremos aquí.
Simbólicamente, se trata de seguir un recorrido como el siguiente: MDYo MAOtro, MDYo MAYo, y MDYo MDOtro.La conmutatividad de ambas aplicaciones se expresa mediante la flecha de doble punta para indicar que cada parte del proceso es reversible.
Esto se expresa mejor si construimos una tabla para cada función, como en la Figura 5, donde partimos de los MDV directos o Mecanismos de defensa del Yo (simbolizados como MDYo) como dominio de cada función; a este dominio se le aplica cada una de las funciones (proyección y negación) y luego, la función compuesta; la Tabla a de la Figura en cuestión muestra la aplicación de la función proyección (Py), que genera los Mecanismos de acusación del Otro; la Tabla b muestra la aplicación de la función negación (Ng), lo que genera los Mecanismos de acusación del Yo; y la Tabla c muestra la aplicación de la función compuesta de negación y proyección (Ng(Py)), que genera los Mecanismos de defensa del Otro.
Py |
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Ng |
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Ng(Py) |
1/(MD Yo)
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~(MD Yo) |
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~(1/(MD Yo)) |
MD Yo |
MA Otro |
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MD Yo |
MA Yo |
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MD Yo |
MD Otro |
Aux
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Aln |
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Aux |
~Aux |
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Aux |
~ Aln |
~Aun
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~Alx |
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~Aun |
Aun |
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~Aun |
Alx |
Aud
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Alf |
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Aud |
~Aud |
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Aud |
~Alf |
~Auf
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~Ald |
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~Auf |
Auf |
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~Auf |
Ald |
(a) Función simple de proyección |
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(b) Función simple de negación |
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(c) Función compuesta de proyección-negación |
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FIGURA 5: Transformaciones entre los diferentes mecanismos.
7. Las partes del mecanismo de defensa una vez verbalizado: <PD, PA>.
Hemos mostrado entonces que los MDV examinados presentan una configuración que tipificamos en ocho formas básicas que representan discursivamente la defensa en la forma más simple posible.Ahora bien, ocurre que en el discurso, la defensa no necesariamente se presenta en forma simple y escueta: además de que suele formar parte de un discurso más o menos complejo, la defensa verbal puede ir acompañada de una argumentación en la que el sujeto explica por qué, su defensa es válida, esto es, la Racionalización (Rz). En este sentido, constituye un mecanismo secundario o subordinado a la simple expresión verbal de la defensa.[18]
Por ello vamos a establecer que los MDV presentan dos secciones o componentes discursivos: la Parte Declarativa (PD), consistente en la expresión de la defensa propiamente dicha (las ocho formas que hemos estudiado), y la Parte Argumentativa (PA), que consiste en la verbalización del argumento con que el sujeto pretende sustentar la defensa expuesta, o en otras palabras, constituye la verbalización de la racionalización, al exponer las razones que fundamentan la defensa del Sujeto.
De este modo, el componente verbal (VD) de la tríada defensiva con que hemos representado antes la actividad defensiva compleja {MD, VD, CD} presenta dos componentes, la Parte declarativa y la Parte argumentativa, esto es:
VD= <PD, PA>[1],
siendo indiferente su orden de aparición en el discurso del sujeto.A título orientativo o heurístico, diremos que la PD responde al qué de la defensa, en tanto que la PA responde al por qué de la defensa.
Evidentemente, en el discurso ordinario del sujeto podrán presentarse cadenas de razonamiento (lógicamente correcto o no) compuestas por varias VDs, esto es:
VD= (<PD1, PA1>, <PD2, PA2>), etc.[2];
y asimismo, podrán darse también VDs compuestas por dos o más PAs y PDs, por ejemplo:
<(PD1, PD2, ..., PDn), (PA1, PA2, ..., PAn)>.[19][3]
Consideramos también que ambas partes del MDV pueden presentarse una u otra en forma tácita, mas no ambas simultáneamente de modo tácito; por ello vamos a proponer un Principio de verbalización de la defensa, según el cual en todo MDV, si una de sus dos partes se presenta en forma tácita, entonces la otra no lo estará.
Y simbólicamente, si representamos el fragmento tácito entre paréntesis, " VD se cumple que
VD: <(PD), PA> Ú <PD, (PA)> Ú <PD, PA> [4]
pero no <(PD), (PA)> [5]
pues allí no existiría una defensa verbalizada sino una puramente tácita.
La conexión entre ambas partes de la VD suele manifestarse expresamente por medio de una conjunción (“y”, “porque”, etc.); de los 11 tipos usuales de conjunciones, las que nos parecen más importantes para la conexión PD-PA son las conjunciones causales, expresadas por figuras como “porque”, “entonces” o “por tanto”, las cuales simbolizaremos, respectivamente, mediante “ : ”, ® y “\”, conectores de uso común en lógica simbólica.
Ya indicamos que en principio resulta indiferente el orden que presente el par <PD, PA> y considerando las tres conectivas señaladas hipotetizaremos que las formas de uso más común -las más naturales, por así decir- son las siguientes:
- (i) PD:PA, que se lee: “(PD) porque (PA)”;
- (ii) PA\PD, que se lee: “(PA) por tanto (PD)”, y
- (iii)PA®PD, que se lee: “(PA) entonces (PD)”.
A nuestro criterio, estas formas resultan más naturales que las formas PA:PD, PD\PA y PD®PA, como resulta evidente.
Asimismo, está claro que la cadena defensiva argumental se puede presentar con una extensión variable, según incluya diferentes argumentos y matices argumentales; por ejemplo, un sujeto puede “admitir” en principio una -aparente- culpabilidad para pasar luego a verbalizar una defensa, lo cual podrá constituir el núcleo de todo un discurso defensivo más o menos extenso y complejo, aunque no podemos desarrollar esto por escapar del ámbito de nuestra investigación.
Ahora bien, debemos notar que el razonamiento presentado por el sujeto en la parte argumentativa del MDV tiene al menos tres características que ameritan de atención: (a) ese razonamiento puede ser apropiado o no: esto es, puede o no ser lógicamente válido, empíricamente verdadero o éticamente correcto; (b) esa argumentación puede o no ser relevante, esto es, pertinente en cuanto al tema, momento, contexto y sujetos, y (c) la misma puede o no resultar ajustada a ciertas condiciones de validez,[20]como veremos enseguida.
8. La argumentación de racionalización: PA.
Primero consideraremos las manipulaciones de la intertemporalidad para los mecanismos examinados.A tal fin definiremos un Momento como todo segmento fundamental del tiempo: pasado, presente y futuro. Definimos la Intertemporalidad como la preservación de alguna cualidad o característica por un elemento cualquiera durante dos o más momentos. Podrá ser total (abarca los tres momentos) o parcial (abarca sólo dos momentos).Y definimos la Manipulación de la intertemporalidad como la traslación ilícita de una cualidad de un elemento discursivo de un momento a otro que de buena o mala fe, sea que el Sujeto crea que la operación que aplica es válida, pretenda hacerlo creer, etc.[21]
Ahora consideraremos las formas básicas que toma el argumento de racionalización en los MDV: existen distintas formas de racionalización que pueden servir para justificar no objetivamente expresiones de defensa, desde las más elementales (simple negación) hasta formas muy elaboradas, que pueden implicar mecanismos complejos de defensa.En vistas a lograr una tipología, nos limitaremos a las formas primitivas de defensa.De hecho, como bien explican Laplanche y Pontalis (1974, p. 363), la racionalización viene a disimular secundariamente los elementos del conflicto defensivo: se pueden racionalizar defensas, resistencias, formaciones reactivas, etc., reforzándose las defensas del Yo.
Encontramos dos Clases generales de racionalización: (a) Racionalizaciones de la culpabilidad, según se manipule la conexión moral intertemporal entre personas y conductas: (a.1) de culpabilidad excusable del YO, justificándolo (RCE) o (a.2) atribuida al Otro, culpabilizándole (RCA); y (b) Racionalizaciones del sesgo en el juicio, según se manipule la conexión moral intertemporal entre personas: (b.1) de sesgo desfavorable al Yo, oponiéndolo al Otro (RSD) o (b.2) favorable a un tercero, ligándole al Otro (RSF).Hay aquí entonces cuatro tipos de PA, cada uno de los cuales sirve a dos de los ocho tipos básicos de PD ya examinados (los MDVd y MDVi).
Consideramos que en nuestro caso la racionalización se puede estudiar matemáticamente como la expresión verbal de la creencia (consciente o no) en la existencia o inexistencia de una relación funcional entre conductas o entre sujetos que fundamenta a PD; esto se expresa en lenguaje ordinario cuando se dice [mi conducta se justifica porque...], [su conducta es incorrecta porque...], [su conducta está en función de...], [su conducta en realidad depende de...].
Para representar esto formalmente, emplearemos la siguiente notación: El Yo (Y); El Otro (O); Un tercero (T); Justificación (Jc): grado en que un subconjunto cualquiera del comportamiento de un sujeto es socialmente considerado como lícito; Justificabilidad (Jb): justificación potencial; Culpa (Cp): consideración social de un comportamiento como ilícito; Culpabilidad (Cb): culpa potencial; Oposición entre sujetos (Op): relación de antagonismo; Complicidad entre sujetos (Cm): relación de connivencia; Conducta (Cn): acción o acciones de un sujeto para un período dado; y Comportamiento (CS): conjunto de acciones de un sujeto, sin especificación de los límites temporales.[22]Emplearemos tres marcadores temporales como superíndices que asignaremos a las conductas en nuestra notación, a saber: pasado, a; presente, b; y futuro, g.
De acuerdo con ello, las funciones encontradas y sus respectivas expresiones simbólicas generales son: Función de justificabilidad: Jb(C1) = f (Jc(C2)); Función de culpabilidad: Cb(C1) =f (Cp(C2)); Función de oposición: Cn= f (OOpY) y función de complicidad: Cn= f (OCmT).Se advertirá que los MDVd (formas defensivas del Yo) corresponden a las aseveraciones de existencia de las funciones Jb y Op, e inexistencia de las funciones Cb y Cm; en tanto que los MDVi (formas acusativas del Otro) corresponden a las aseveraciones de existencia de las funciones Cb y Cm, e inexistencia de las funciones Jb y Op.Presentamos ejemplos para cada una en la Figura 6.

FIGURA 6: Ejemplos de la racionalización (PA) expresada en forma funcional.
Ahora bien, toda racionalización se basa en una creencia o en una estructura de creencias. En nuestro caso tenemos las siguientes: (a) en las racionalizaciones de la Culpabilidad, la creencia de que se puede ignorar, o bien extender intertemporalmente de modo indefinido, la licitud de una conducta para abarcar otras, lo que en el primer supuesto (el ignorar: Aux) anularía la ilicitud de la otra u otras conductas, y en el segundo supuesto (la extensión: ~Aun) la compensaría.Y recíprocamente, la proyección de ambas formas implica una racionalización contraria.Y (b) en el caso de la racionalización del sesgo en el juicio, la creencia en que la existencia de la relación entre el Otro y un Tercero descalifica al Otro porque genera lazos de afecto, de deber o de complicidad, de vigencia intertemporal indefinida que, o bien sesgarían necesariamente el juicio del Otro (Aud), o bien le obligarían efectivamente a actuar en favor del Tercero (Alf).[23]Recíprocamente, la proyección de ambas formas implica una racionalización contraria.[24]
Finalmente, la validez de la argumentación racionalizadora depende de la validez de las funciones postuladas por el sujeto, de manera que proponemos las siguientes Condiciones de validez de la racionalización para los MDV considerados: (1ª) Existencia de las conductas o personas relacionadas en el juicio racionalizador; (2ª) Existencia de la respectiva función, esto es, que se trate de una relación socialmente posible, no sólo matemáticamente plausible; (3ª) Que la función se encuentre definida para las conductas o personas involucradas durante el período considerado (matemáticamente, que sea continua para el Dt postulado); y (4ª) Que el argumento total <PD, PA> sea no sólo lógicamente coherente sino también socialmente lícito.
9.Tipología general de los MDV estudiados.
Sobre la base de lo que hemos encontrado, proponemos la siguiente Tabla contentiva de la tipología general de los MDV.Se advertirá que la expresión simbólica final de la VD se presenta como en los siguientes ejemplos (se obvia la intertemporalidad):
- (a)Aux: Jb(C1)= f (Jc(C2)); [6]
- (b)Cb(C1) ¹f (Cp(C2)) \~Aun; [7]
- (c)Jb(C1) ¹ f (Jc(C2))®~Alx.[8]
En la tabla hemos incluido las cuatro formas básicas de la defensa (MDVd), sus proyecciones (MDVi), sus correspondientes tipos de racionalización, y la manipulación de la intertemporalidad.Según el orden de la manipulación temporal, se presentan seis posibilidades binarias (dos momentos) y seis posibilidades terciarias (que incluyen los tres momentos); limitándonos a las binarias, se tiene: (1) Presente/Pasado, (2) Presente/Futuro, (3) Pasado/Presente, (4) Pasado/Futuro, (5) Futuro/Presente, y (6) Futuro/Pasado.

10. El proceso de generación y manifestación de los MDV.
Ya hemos expresado nuestra convicción de que concebir las defensas como mecanismos es no sólo adecuado y necesario, sino coherente con la existencia de procesos complejos de defensa que presentan aspectos conductuales y cognitivos parcial y totalmente inconscientes, que constituyen objeto de estudio privilegiado para el tema de los mecanismos en la conducta humana.Ahora, vamos a presentar un modelo acerca de los MDVs que esperamos resulte aplicable no sólo a los tipos de MDV estudiados, sino a todos los MDV (algo que requerirá de adecuada investigación) y que, esperamos también, sea simulable computacionalmente.[25]
La defensa constituye un proceso en que se activan ciertas pautas de percepción, procesamiento y respuesta del aparato psíquico del sujeto, y en este sentido, cada persona es un caso particular; a pesar de ello, consideramos que el proceso se puede modelizar, teniendo presente que la expresión del mecanismo está sujeta a las características de cada individuo, por lo que los parámetros que se propondrán habrán de fluctuar dentro de espectros con rangos de valores normales y patológicos.

[i]
Dedico este trabajo de investigación muy especialmente a mi madre, por todas las razones
[1]Emplearemos el mínimo posible de ejemplos: se presentarán en cursiva y entre corchetes.
[2]No podemos entrar acá en la errada discusión acerca de si el Psicoanálisis es o no científico, pues está mal planteada; la cuestión debe tratar más bien del grado de cientificidad de aspectos específicos del Psicoanálisis, tanto como de la Retórica, de la Psicología cognitiva o de la propia Psiquiatría.
[3]Mecanismo: “Conjunto ordenado de procesos o etapas que conducen a un resultado” (Real Academia, 1990, p. 451).Jon Elster ha reivindicado el uso de mecanismos en las ciencias sociales, como una figura intermedia entre la Ley científica y la simple descripción, aunque creemos que su enfoque resulta errado porque no le atribuye a los mecanismos más que un carácter puramente explicativo y limitado a la casuística. Así, Elster define el mecanismo como un patrón causal que se produce con frecuencia, se reconoce fácilmente, surge en condiciones generalmente desconocidas y permite explicar, mas no predecir (1993).Examínese también a Bunge, 1997, sobre los mecanismos en general y en ciencias sociales.
[4]Queremos aquí tratar de dar cumplimiento, aun cuando sea sólo en parte, a una vieja aspiración ya expresada por Daniel Miller (1979, p. 483): “la posibilidad de que las defensas (...) puedan ser descompuestas en sus diversos elementos básicos”.Nuestro examen simbólico del asunto no pretende sustituir el análisis lógico-formal propiamente dicho: nuestro estudio procura sólo mostrar la estructura básica de los mecanismos de defensa verbalizados de modo abreviado y general, el análisis mediante la lógica simbólica y herramientas matemáticas adecuadas ha de permitir determinar la corrección lógica de los razonamientos considerados en las defensas (para un análisis simbólico de los conceptos psicoanalíticos básicos ver Balzer, 1997, para un examen parcialmente matemático de la Teoría Freudiana; y Suppes and Warren, 1975, para un examen formal de algunos mecanismos de defensa). Cabe mencionar que posteriormente a la búsqueda básica que se explica en la nota que sigue, se examinaron las bases de datos internacionales de EBSCO Host y Silver Platter (hasta el año 2002). No encontrándose ninguna mención acerca del análisis matemático formal de los mecanismos de defensa en el discurso.
[5]Para esta investigación, además del estudio de la literatura reseñada en la lista bibliográfica, se llevó a cabo un examen de diferentes bases de datos en ciencias cognitivas, ciencias sociales, medicina, psiquiatría y psicología, si bien se usaron principalmente bases de datos anglosajonas y de acceso gratuito, aunque son las que indexan las revistas internacionales más prestigiosas en el área.Específicamente, se consultaron las siguientes, la mayoría por vía remota, disponibles en Internet: (a) American Journal of Psychiatry, incluyendo todas las publicaciones seriadas atinentes a psiquiatría y psicología que en ella se indexan (17 en total), (b) Página Web de la American Psychoanalytical Association, (c) Annual Review of Psychology, (d) Cognitive Science, (e) Journal of mathematical Psyhcology, (f) Journals of the Royal College of Psychiatry (incluye a British Journal of Psychiatry, Psychiatric Bulletin y Advances in Psychiatric Treatment), (g) MedLine, (h) PsycLit and PsycInfo, así como (i) LILACS, Literatura Latinoamericana y del Caribe en Ciencias de la Salud, 33ª edición.Esta revisión mostró algunas cuestiones interesantes: (1) Excepto el trabajo de Suppes and Warren señalado en Bibliografía, no parece haber propuestas de un análisis formal (matemático) de los mecanismos de defensa como en este trabajo. Encontramos muchos estudios sobre los mecanismos de defensa en las bases de datos psiquiátricas (a y f) y psicoanalítica (b) y algunos en las bases de datos médicas (c, i), mas ninguno presenta un análisis matemático reciente de los referidos mecanismos. (2) No se encontró ninguna referencia a mecanismos de defensa ni a temas psiquiátricos (ni aun a la propia Psiquiatría) en las bases de datos c, d, e y h.(3) En aquellas bases de datos en que era de esperar encontrar modelos matemáticos del fenómeno (d y e) no se los detectó.
[6]No es necesario que los cuatro aspectos del fenómeno coincidan, sino que sean equivalentes, esto es, traducibles entre sí.Un ejemplo podrá aclarar el punto: cuando un jugador se prepara a atrapar una pelota, no ejecuta en su mente, consciente ni aun inconscientemente, una serie de ecuaciones diferenciales e integrales que le permitan calcular el lugar adonde llegará la bola, ni qué partes de su cuerpo debe mover para alcanzarla. Lo mismo ocurre con el empleo de los mecanismos psicológicos.
[7] Benoit (1995, p. 6) define las defensas como “Defensive utterances (justifications, excuses, apologies) are persuasive attempts to reshape anotehr’s beliefs, to change his or her belief that the act in question was wrongful, or to shift his or her attribution of responsibility for that act.”[Las emisiones defensivas (justificaciones, excusas, apologías) son intentos persuasivos de reformar las creencias del otro, de cambiar su creencia de que el acto en cuestión estuvo errado, o de cambiar su atribución de responsabilidad por tal acto].Ahora bien, nótese que Benoit no considera la defensa como mecanismo que solventa una necesidad del emisor, que puede o no tener la certeza de tener la razón, sino como una emisión que está, de entrada, orientada a cambiar la cognición del otro, no la propia.
[8]Sobre la proyección y la negación en las personalidades neurótica, límite y psicótica, véase Kernberg, 1987, Cap. 1, pp. 13ss., especialmente su concepción de la Identificación proyectiva como forma primitiva del mecanismo de proyección, y el uso de los mecanismos de defensa primitivos como síntoma de la debilitación del Yo.
[9]Aunque, por ejemplo, D. Cohen se la hizo notar al propio Leon Festinger, psicólogo creador de la Teoría de la Disonancia Cognitiva (ver su entrevista en Cohen, 1976), en ese momento, Festinger no expresó el más mínimo interés en ello.
[10]Aunque lo correcto sería decir “discordancia cognitiva” puesto que una disonancia es un concepto atinente sólo a cuestiones sonoras, y el término “discordancia” refleja mejor el conflicto cognitivo propio del fenómeno, respetaremos la etiqueta clásica.
[11]El examen de las bases de datos antes mencionadas, en este tema arrojó como resultados que: (1) en las Bases de datos de Psicología (c, e y h) no apareció ninguna mención a los Mecanismos de defensa; (2) en las Bases de datos psiquiátricas (a, f y g) no se encontró ninguna mención de la Disonancia Cognitiva; y (3) en la Base de datos de Psicoanálisis (b) no se encontró ninguna referencia a la Disonancia cognitiva.La segregación interdisciplinar es evidente.
[12]El concepto de Reacciones de defensa específicas de la especie ha sido introducido por R. Bolles (vid. Rachlin, 1991, Ch. 4).Ahora bien, las reacciones de defensa específicas de la especie humana, además de incluir las propias de su condición de primate, incluyen típicamente el manipular el contenido simbólico de los fenómenos internos y externos, esto es, la manipulación semántica de contenidos psicológicos conocida como racionalización (y estudiada también por el Psicoanálisis).
[13]Retóricamente, es posible emplear ambas clases de MD en un mismo fragmento discursivo, separados o combinados, pero éste es un problema de estrategias retóricas del sujeto, que no examinaremos aquí.
[14]No obstante, hemos encontrado ciertos problemas importantes con la clasificación de las defensas que presenta el DSM-IV (Pichot, 1995, Apéndice B, pp. 767ss.): (a) La escala de niveles de defensa parecería establecer una distinción tajante en un continuum desde mecanismos propios de la mente bien adaptada y mecanismos exclusivos de la mente trastornada, lo cual resulta errado puesto que un sujeto bien adaptado puede emplear mecanismos como la proyección y la negación, como se expone en el Psicoanálisis y se ha mostrado aquí.(b) Un mecanismo mencionado en la escala en cuestión (en el Nivel de acción, p. 769), la allí denominada “Retirada apática”, no aparece en la lista de MD’s que proporciona el propio Manual (ver su Glosario en pp. 771-773).(c) No parece haber un conjunto de criterios taxonómicos bien definido para clasificar los MD, de manera que su distribución nivelar mutuamente exclusiva (esto es, que no permite el solapamiento internivelar) en la Escala propuesta pareciera injustificada.
[15]Nuestro conocimiento del trabajo de Suppes and Warren (1975) se basa empero en una copia que presenta errores de impresión que no nos permitieron examinar completamente los símbolos y fórmulas empleadas por los autores.
[16]Definimos la Licitud del comportamiento como la característica de un subconjunto cualquiera del comportamiento de un sujeto de presentar las cualidades de éticamente correcto, técnicamente adecuado, o ambas.
[17]Finalmente, parece claro que algunos tipos compuestos también pueden presentarse, en la medida en que puedan postularse discursivamente como una cadena argumental; en estos casos se tendría lo siguiente: (i) (Aux+Aln) y (Aun+Alx), y (ii) (Aud+Alf) y (Auf+Ald).
[18]Laplanche y Pontalis conceptúan la Racionalización como un procedimiento mediante el cual el sujeto trata de presentar una explicación lógicamente coherente o socialmente aceptable de una actitud, acto, sentimiento o idea cuyos motivos verdaderos no percibiría (1974, pp. 363-364): consideramos innecesario incluir esto último.
[19]Esas formas no serán examinadas, pero presentan un evidente interés para el examen y tratamiento de las psicopatologías si consideramos, por ejemplo, que a cada PD normalmente ha de corresponder una respectiva PA, si se los estudia como pares ordenados que resultan de una relación entre dos conjuntos, el conjunto de declaración defensiva y el de argumentación defensiva, en una relación biyectiva o similar.Así por ejemplo, a una PD1 correspondería una PA1; a PD3 corresponderá PA3; a PD5 corresponderá PA5, etc.; y en un discurso patológico pueden darse pares ordenados que no presenten una relación empíricamente válida, aún cuando ella pudiera resultar gramaticalmente aceptable e incluso formalmente correcta, por ejemplo en <PD3, PA7>, <PD2, PA5>, etc.
[20]A continuación consideraremos el tercero de estos asuntos, pues los otros no nos conciernen: el primero es materia de estudio de la lógica, la pragmática y la ética, y el segundo es asunto de la epistémica de la comunicación.
[21]Suppes y Warren (1975) advierten la necesidad de introducir en el análisis de las defensas lo que denominan Variable Temporal, para mostrar cómo opera la defensa de Regresión (como mecanismo complejo de orden superior a los mecanismos simples de proyección, negación, etc.) en términos de la historia del sujeto; en tal sentido, reducen -simplifican, quizás- la regresión a transformaciones que retroceden en el tiempo a la pasada experiencia del individuo.Ahora bien, consideramos que de ser correcto este enfoque, conduce a la descripción de otro mecanismo, que llamamos de Prospección, como la misma clase de operación, pero orientada hacia el futuro, sea el probable o sea el deseado; empero, no ahondaremos en este caso.
[22]Consideraremos a la Acción como la actividad de un Sujeto, que puede incluir o no comportamiento abierto o encubierto, reacciones mecánicas o no, conscientes e inconscientes, etc.
[23]Lo anterior vale sólo para los casos en que el Sujeto crea verdaderamente que su argumentación defensiva es válida; no analizaremos los casos de la mentira, intención sesgada, etc. (sobre la mentira y una taxonomía de sus formas discursivas: Castilla, 1988, Cap. 6).
[24]Según la oportunidad de empleo de ambas clases de MD, los primeros son primordialmente de carácter reactivo, esto es, generables como respuesta a un ataque; en tanto que los segundos son básicamente de carácter anticipatorio, generables en previsión de un ataque.
[25]En parcial descargo de la simplificación que nuestro modelo presenta, debemos decir que no conocemos otra modelización de estos específicos procesos de defensa.
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