1. Introducción
Klaus Mann, hijo del célebre escritor Thomas Mann, es uno de los autores alemanes del siglo XX de quien la crítica se ha ocupado intensamente. Prueba de su creciente popularidad como escritor es la abundante literatura secundaria que tanto su obra como su persona han generado en las últimas décadas. El tema del tratamiento de la mujer llama especialmente la atención, no sólo por ser un tema muy de actualidad en un momento en el cual se habla mucho sobre la igualdad de la mujer con respecto al hombre, sino principalmente porque existe una laguna científica en el análisis profundo del personaje femenino en la obra de Klaus Mann. Revisando la literatura secundaria, se encuentra que los estudios más importantes hasta el momento han versado sobre la ideología del autor, la crítica política y social a la Alemania en la que le tocó vivir, los temas de juventud y del exilio, las autobiografías, la homosexualidad, los problemas con su padre y la lucha contra el nacionalsocialismo. Por lo tanto, apenas existen análisis detenidos y descriptivos de las figuras femeninas donde adquieran relevancia de protagonista o de co-protagonista.
Los personajes femeninos alcanzan un protagonismo importante en la narrativa de Klaus Mann, puesto que en la mayoría de sus obras están reflejadas sobre todo las dos mujeres que marcaron la vida del escritor: su hermana Erika, a quien tuvo un cariño muy especial, puesto que le ayudó moralmente en todo momento a sobrellevar sus preocupaciones existenciales, y su madre, Katia Mann, a la cual adoraba y admiraba sin límites por haber desempeñado con amor y energía la función de buena madre y esposa durante la difícil situación de la Primera Guerra Mundial. Therese Giehse, Eva Herrmann y Annemarie Schwarzenbach, amigas íntimas de Erika Mann, son objeto de interés del escritor, quien resalta también esta amistad en sus novelas, dedicándoles, incluso, alguna de sus obras.
El objetivo de este artículo es analizar el modo en que Klaus Mann ha plasmado su empatía en el discurso a través de la sintaxis, el léxico o estructura textual en aquellos personajes femeninos que ejercen la función de ángel del hogar o de nueva mujer, es decir, en los personajes ficticios en los cuales se encuentran reflejados su madre y su hermana, respectivamente. Para este análisis se ha tenido en cuenta la diferencia necesaria entre los personajes femeninos y los personajes masculinos, puesto que sin esta confrontación los resultados obtenidos serían, al menos, parciales y unilaterales. Así pues, se estudia la relación entre empatía y sintaxis en dos textos extraídos de una misma novela en la cual se observa que los personajes femenino y masculino son tanto similares en cuanto a función estructural, es decir, que son protagonistas, como contrastivos en su caracterización y tratamiento por parte del autor.
2. El estado de la cuestión
Una vez expuesto el objetivo, consideramos necesario analizar brevemente el estado de la cuestiónsobre el fenómeno de la empatía en la sintaxis al que nos referimos. En su obra titulada Das Deutsche als Männersprache,[1] señala Luise F. Pusch que tal vez lo que se denomina empatía está estrechamente relacionado con el término literario perspectiva o punto de vista.[2] En el capítulo primero la autora define el término empatía como la capacidad del individuo sea -el autor / -a, biógrafo / -a, el o la que habla / escucha- para comprender las emociones ajenas a través de un proceso de identificación. En el capítulo segundo ilustra la falta de empatía por parte de 5 biógrafos distintos al contar el embarazo de mujeres solteras que vivieron en el siglo XIX. El capítulo tercero está dedicado a la interacción entre la empatía y la sintaxis. Presenta además una teoría cuyos cuatro principios permiten adentrarse más en las personas referidas que mediante las perspectivas omnisciente y personal convencionales. En el capítulo cuarto se refiere al análisis específico de dos textos idénticos en cuanto a las personas y circunstancias, pero diferentes sintácticamente. Subraya que la empatía depende del grupo de receptores /-as al que el texto va dirigido. Además ayuda a encontrar el centro empático mediante los artículos definidos e indefinidos, los adjetivos, los sustantivos, los pronombres (personal, posesivo, reflexivo), los verbos recíprocos y las frases utilizando la voz activa.[3]
Señala la autora que hay dos estudios importantes: uno de Cantrall bajo el título Viewpoint, Reflexives and the Nature ofNoun Phrases publicado en 1974 y otro de Kuno y Kaburaki titulado Empathy and Syntax publicado en 1976. Luise F. Pusch manifiesta que, según su conocimiento, no hay más estudios referentes a este tema como tal.[4]
Kuno, en su artículo titulado «Subject, Theme and the Speaker´s Empathy – A Reexamination of Relativization Phenomena»,[5] utiliza el término empatía para identificar el grado de implicación del hablante o del autor en un suceso determinado. Como ejemplo expone que se observen las siguientes frases:
1a. John hit Mary.
1b. John hit his wife.
1c. Mary´s husband hit her.
Se presupone que la esposa de John se llama Mary. El hablante puede expresarlo de estas tres formas. Sin embargo, en la frase 1b, el hablante se refiere a Mary como John´swife (aquí John es el centro, mientras que en la frase 1c, el hablante se refiere a John como Mary´s husband (una expresión en la cual Mary es el centro). Por lo tanto, en la frase 1b el hablante expresa su empatía con John, mientras que en la 1c la expresa con Mary. En la frase 1a el hablante ejerce una postura neutral y describe el suceso muy objetivamente.[6]
Según Kuno, la interacción entre empatía y sintaxis se rige por cuatro principios que se exponen a continuación:[7]
The Ban of Conflicting Empathy Foci
The Surface Structure Empathy Hierarchy
The Speech-Act-Participant Hierarchy
The Topic Empathy Hierarchy
El primer principio se refiere a que una sentencia simple no puede tener dos o más focos conflictivos desde el punto de vista empático del hablante, como sería el caso de la oración *Then, Mary´s husbandhit hiswife. En cuanto al sujeto, el hablante puede mostrar su empatía con Mary refiriéndose Mary´s husband (al no decir John). Sin embargo, en cuanto al objeto, el hablante expresa su empatía con John al referirse a Mary como his wife (y no como Mary). Además esta oración al tener dos focos conflictivos desde el punto de vistaempático del hablante baja la credibilidad de la sentencia.[8]
El segundo principio lo enuncia de la siguiente manera:
It is easiest for the speaker to empathize with the referent of the subject; it is next easiest for him to empathize with the referent of the object. It is most difficult for him to empathize with thereferent of the by-passive agentive.
Subject > Object> …..>By-Agentive [9]
Por lo tanto, afirma Kuno que para el hablante es más fácil enfatizar el sujeto y después el objeto. No obstante, el agente pasivo es más difícil de enfatizar ilustrándolo con las siguientes frases:
1d. John hit his wife.
1e.John´s wife was hit by him.
En estas frases el hablante expresa claramente su empatía con John.
El tercer principio «The Speech-Act-Participant Hierarchy» lo define Kuno de la siguiente manera:
It´s easiest for the speaker to empathize with himself (i.e., to express his own point of view); it is next easiest for him to express his empathy with the hearer; it is most difficult to empathize with the third party, at the exclusion of the hearer or himself.
Speaker > Hearer > Third Person[10]
Por lo tanto, la jerarquía empática para él depende del grado de participación del hablante y lo ilustra con la siguiente frase:
1f. John was hit by me.
Para Kuno, en esta frase el hablante no está expresando su punto de vista empático al utilizar la pasiva, la cual solamente debe utilizarse en los textos técnicos y periodísticos, en los cuales al hablante se le permite exponer su punto de vista.[11]
Sobre el cuarto principio «The Topic Empathy Hierearchy» señala Kuno que para el hablante es más fácil enfatizar con un objeto (persona) sobre el que ha estado hablando que con un objeto que se acaba de introducir en el discurso por primera vez:
It is easier for a speaker to empathize with an object (e.g. person) that he has been talking about than with an object that he has just introduced into discourse for the first time:
Discourse-anaphoric< Discourse-nonanaphoric.[12]
Lo expuesto anteriormente es, a grandes rasgos, la teoría de Kuno y Kaburani sobre la relación entre empatía y sintaxis.
Seguidamente, basándonos en las teorías de estos dos autores, pioneros en estudiar la relación entre empatía y sintaxis, y en la teoría de Catherine Kerbrat-Orecchioni, investigadora también de la subjetivad en el lenguaje, hemos seleccionado y vamos a comparar de textos sobre un determinado modelo femenino para analizar la relación entre empatía y sintaxis.
3.Comparación de textos de personajes femeninos y masculinos
Para el siguiente análisis se han seleccionado dos textos de la novela Mephisto, Roman einer Karriere, con el fin de comparar similitudes y contrastes de dos personajes, uno masculino y otro femenino. Decimos que son similares porque tanto el personaje masculino como el femenino ejercen la función de protagonistas; y son contrastivos, porque a través de una serie de oposiciones, la figura femenina se alza indiscutiblemente por encima de la masculina.
Mephisto, Roman einer Karriere es la historia de la carrera del actor Hendrik Höfgen. Su primer ascenso lo consigue en Hamburgo durante los años veinte. En esta época no es más que un actor de categoría provincial. El protagonista se define por su convicción radicalmente izquierdista y se entusiasma por crear el Teatro Revolucionario, un teatro que nunca se inauguró. Sigue la historia de su matrimonio fracasado con la joven Bárbara Bruckner. La crónica continúa con el segundo ascenso de su carrera como actor en Berlín. Höfgen sigue siendo de izquierda y está a punto de exiliarse cuando los nazis llegan al poder. Sin embargo, se le facilitan los caminos para volver a Alemania. Este tercer ascenso llega repentinamente. Se pone de acuerdo con el régimen de Hitler y entabla amistad con el Primer Ministro. Höfgen se rebelacontra todo lo que hasta ahora había defendido. El protagonista de Mephisto vende su alma por su ascenso en el tercer Reich.Con su ambición desmesurada consigue ser nombrado Director del Teatro Nacional del Estado Prusiano, Consejero de Estado y Senador de la Cultura.
En esta novela, se comprobará el modo en que el escritor, a través de la sintaxis y diferentes recursos literarios, se manifiesta más empático con el personaje femenino que con el masculino. La protagonista representa el modelo de nueva mujer. Bajo este modelo el escritor entiende una mujer activa, luchadora y comprometida social y políticamente, como fue la lucha contra el nacionalsocialismo.
3.1. Los protagonistas: Bárbara Bruckner / Hendrik Höfgen
Para desarrollar el análisis de los dos personajes nos centraremos en el estudio de dos capítulos de la novela Mephisto, Roman einer Karriere: el capítulo IV titulado «Bárbara» y en el capítulo V titulado «Der Ehemann». Lo primero que hay que destacar son los títulos: el cuarto, dedicado a Bárbara Bruckner identificado con su nombre propio y el quinto, dedicado a Hendrik Höfgen, titulado “el esposo”. La utilización del nombre propio de la figura femenina en el título es ya significativo y empático.
En el capítulo IV bajo el título de «Bárbara», el autor, en voz del narrador, utiliza el enfoque narrativo más simple, esto es, la 3ª persona del singular. Sin embargo, se ofrecen detalles de la figura femenina muy íntimos, tanto es así que da la impresión de que el narrador conoce perfectamente al personaje de Bárbara. Efecto que consigue claramente y de forma espectacular puesto que en Bárbara está reflejada su hermana Erika. El narrador conoce en detalle la personalidad de Bárbara, su espíritu, el modo en que se comporta con sus amigos, como es su corazón.[13] El narrador sigue utilizando la técnica de la 3ª persona para caracterizarla; primero lo hace desde la perspectiva del narrador, después desde la de sus amigos y, finalmente, desde la del padre de Bárbara. La utilización del diálogo es mínima, más bien se diría que escasa. Al final del capítulo, Hendrik confiesa a Bárbara su complejo de inferioridad con cierto enfado y angustia. La conversación es de tono elevado y categórico por parte de Hendrik, abundando el uso del imperativo. Esta actitud de Höfgen contrasta con la tranquilidad y la paz interior de Bárbara.
En el capítulo titulado «Der Ehemann» se narran los primeros días de matrimonio de Hendrik y Bárbara. En cuanto a los tiempos verbales predominan el pretérito imperfecto y el pluscuamperfecto. La técnica narrativa en 3ª persona decrece en comparación con el capítulo anterior, predominando el diálogo y las frases retóricas por encima de la narración y la descripción. Hay más acción que en el capítulo anterior. Predomina la aprehensión intelectual,[14] debido al empleo de verbos de opinión como denken o scheinen, verbos que sirven «al locutor para informar al destinatario acerca de las opiniones de un tercero, este tercero puede coincidir con el locutor»,[15]como se observa a continuación:
Ich bin betrogen worden, dachte jetzt Bárbara oft. Ich habe mich von einem Komödianten betrügen lassen. Es schien nützlich für seine Karriere, mich zu heiraten und außerdem brauchte er wohl irgendeinen Menschen an seiner Seite. Aber er hat mich niemals geliebt. Wahrscheinlich kann er überhaupt nicht lieben…[16]
Resulta también significativo que, en el capítulo dedicado a Hendrik, hay un personaje que habla en favor de Bárbara. Esto demuestra nuevamente la supremacía de la figura femenina:
Bárbara verstand es so vortrefflich, den Ergüssen der biederen und temperamentvollen Frau zu lauschen, daß die Motz zur Überzeugung kam – welcher sie gerne und laut Ausdruck verlieh -, die junge Frau Höfgen sei “eine famose Person”. Dieser Ansicht schloß die Mohrenwitz sich an: Bárbara, die sich nicht einmal schminkte, erhob keinen Anspruch darauf, dämonisch zu sein und konnte also für sie, die verworfene Rahel, niemals eine Konkurrenz bedeuten.[17].
En definitiva, en el capítulo dedicado a Bárbara el lector percibe paz, armonía y equilibrio, que se aprecia en el lenguaje y en la sencillez de las estructuras oracionales. En cambio, en el capítulo dedicado a Hendrik se respira cierto aire agresivo, de desequilibrio y protesta que se manifiesta de alguna manera en la estructura oracional a través de frases categóricas en su expresión; el uso de ciertas formas verbales como el presente o el imperativo con un tono amenazador; y de un lenguaje cruel y agresivo.
Solamente se hará referencia a dos textos, en los cuales aparecen caracterizados Bárbara y Hendrik con el fin de compararlos. Presentar todos los textos en los que aparecen los protagonistas nos desbordaría el presente artículo. Observemos las siguientes descripciones:
3.2. Descripción de Bárbara Bruckner
An Jünglinge und Madonnen ließ der Anblick Bárbara Bruckners den begeisterten Hendrik denken. Nach dem Ideal geformte Knaben hatten diese schöne Magerkeit der Glieder; Madonnen hatten aber dieses Gesicht. Augen unter langen, schwarzen und starren, aber ganz natürlichen Wimpern; Augen von einem satten Dunkelblau, das ins Schwärzliche spielte. Solchen Augen hatte Bárbara Bruckner, und sie schauten Ernst forschend, mit einer freundschaftlichen Neugier, und zuweilen beinah schalkhaft. Überhaupt war das edle Gesicht nicht ohne schalkhafte Züge: kein weinerliches, auch kein gebieterisches Madonnenantlitz, vielmehr ein durchtriebenes. Der ziemlich und große und feuchte Mund lächelte versonnen, aber nicht ohne Witz. Dem träumerischen Frauenhaupt gab es eine fast kecke Note, daß der Knoten des reichen aschblonden Haares im Nacken ein wenig schief saß. Der Scheitel hingegen war genau und in der Mitte gezogen.[18]
3.3. Descripción de Hendrik Höfgen:
Man hätte Hendrik Höfgen für einen Mann von etwa fünfzig Jahren gehalten; er war aber erst neununddreißig –ungeheuer jung für seinen hohen Posten. Seine fahle Miene mit den Hornbrille zeigte jene steinerne Ruhe, zu er sich sehr nervöse und sehr eitle Menschen zwingen können, wenn sie sich von vielen Leuten beobachtet wissen. Sein kahler Schädel hatte edle Form. Im aufgeschwemmten, grau-weißen Gesicht fiel der überanstrengte, empfindliche und leidende Zug auf, der von den hochgezogenen blonden Brauen zu den vertieften Schläfen lief; außerdem die markante Bildung des starken Kinns, das er auf stolze Art hochgereckt trug, so daß die vornehm schöne Linie zwischen Ohr und Kinn kühn und herrisch betont ward. Auf seinen breiten und blassen Lippen lag ein erfrorenes, vieldeutiges, zugleich höhnisches und um Mitleid werbendes Lächeln. Hinter den großen, spiegelnden Brillengläsern wurden seine Augen nur zuweilen sichtbar und wirksam: dann erkannte man, nicht ohne Schrecken, daß sie, bei aller Weichheit, eiskalt, bei aller Melancholie sehr grausam waren. Diese grün-grau schillernden Augen ließen an Edelsteine denken, die kostbar sind, aber Unglück bringen; gleichzeitig an die gierigen Augen eines bösen und gefährlichen Fisches.[19]
Los adjetivos son tan numerosos que los hay de toda clase: desde adjetivos objetivos hasta subjetivos. En la descripción de Bárbara predominan los adjetivos afectivos, los cuales, además de enunciar una propiedad de la persona, marcan una reacción emocional del autor hacia ella.[20] Los adjetivos antepuestos al nombre determinan también la carga afectiva. En la caracterización del personaje hay también adjetivos evaluativos no axiológicos, del tipo lang, pero predominan los adjetivos evaluativos axiológicos,la mayoría cargados de un rasgo de valorización.
Teniendo en cuenta que «los adjetivos afectivos enuncian, una propiedad del objeto al que determinan y una reacción emocional del sujeto hablante frente a ese objeto»,[21] nos encontramos de nuevo con dos descripciones cargadas de afectividad. Además, el anteponer el adjetivo al sustantivo se intensifica la afectividad.[22] Incluso, el escritor se vale de adjetivos evaluativos axiológicos, como los referidos a la belleza, que determinan junto con el sustantivo, un juicio de valor, positivo o negativo, que depende del personaje a quien se describa.[23] Por lo tanto, son adjetivos doblemente subjetivos en la medida en que manifiestan una toma de posición a favor o en contra, por parte del autor, con relación al objeto definido.[24] En la caracterización de los personajes se aprecia claramente el juicio favorable hacia Bárbara y el desfavorable hacia Hendrik Höfgen.
En cuanto a los sustantivos pueden aportar dos tipos de información: «por un lado, una descripción del denotado; por otro, un juicio evaluativo, de apreciación o de depreciación, aplicado a ese denotado por el sujeto de la enunciación».[25] Si se observan los sustantivos empleados por Klaus Mann en la descripción de Bárbara se aprecia un juicio evaluativo de apreciación: el escritor la denomina por su nombre propio y apellido, también la llama Madonna; mientras que en la caracterización de Hendrik se percibe un juicio evaluativo de depreciación, basta fijarse simplemente en la descripción demoníaca y siniestra de su físico. El escritor hace comparaciones muy peyorativas y desvalorizadoras. Este es un rasgo significativo de la falta de empatía del autor hacia este personaje masculino, cuyo único objetivo era ridiculizarle y menospreciarle.
En cuanto a los verbos empleados por el escritor en estos textos se diría que denotan aprehensión perceptiva, «ya que ninguna distancia viene a interponerse entre el agente preceptor y la impresión percibida».[26] Máxime si se tiene en cuenta que Bárbara es reflejo de su hermana, Erika Mann, y Hendrik Höfgen de su ex-cuñado, Gustaf Gründgens.
A continuación se exponen otros ejemplos de la novela donde Klaus Mann manifiesta abiertamente su empatía hacia la figura femenina.
3.4. Capítulo IV
(...) Deshalb glaubte man, es gäbe nichts, was ihr inneres Gleichgewicht störte. Von ihren Freunden wurde Bárbara für den ausgeglichenen, energisch, klugen, vielfach begabten, reifen, sanften und sicheren Menschen gehalten. (….) Der alte Bruckner kannte sein Kind, das er liebte.[27]
(...) Hendrik war erstaunt darüber, mit welchen Details der Wirtschaft Bárbara sich beschäftigte, wie bewandert sie in den Dingen der Küche und des Gartens war.[28]
In diesen herrschaftlichen Stuben, wo es schöne Teppiche, dunkle Bilder, Bronzen, große tickende Uhren und viel Samtbezüge gab, war Bárbara also zu Hause; hier hatte sie ihre Jugend verbracht. In diesen Büchern hatte sie gelesen; in diesem Garten hatte sie ihre Freunde empfangen. Zärtlich und feierlich bewacht von der klugen Liebe eines solchen Vaters war ihre Kindheit, rein und voller Spiele, deren geheime Regeln nur sie selber wußte –waren ihre Mädchenjahre hingegangen. Neben einer Gerührtheit, die fast Ehrfurcht war, empfand Hendrik, ohne es sich noch eingestehen zu wollen, etwas anderes: Neid. Mit quälender Peinlichkeit kam ihm der Gedanke, daß er in diesen Räumen und bei diesem Vater seine Mutter Bella und seine Schwester Josy morgen würde einführen müssen. Wie leidvoll schämte er sich, jetzt schon, ihrer munteren Kleinbürgerlichkeit. Ein Glück noch, daß wenigstens Vater Köbes am Kommen verhindert war…[29]
Son numerosos los pasajes de la obra en los cuales Klaus Mann manifiesta de manera consciente su empatía hacia la figura femenina, por ejemplo, en la descripción de las habilidades de Bárbara frente a la ridiculez y falta de habilidades del personaje masculino:
Bárbara konnte schneller und aus dauernder schwimmen. Hendrik seinerseits kam für die sportliche Konkurrenz nicht in Frage: er schrie schon, wenn er mit den Zehen das kalte Wasser berührte, und nur durch langes Zureden und viel Spott brachte Bárbara ihn dazu, einige Schwimmbewegungen zu versuchen. Ängstlich darauf bedacht, im seichten Wasser zu bleiben, das Gesicht in sorgenvolle Falten gelegt, mühte sich Hendrik im gefährlichen Element. Bárbara beobachtete ihn belustigt.[30]
En definitiva, somos de la firme opinión de que en Mephisto, Roman einer Karriere se manifiesta de forma evidente la empatía hacia la protagonista femenina a través de lautilización de adjetivos positivos y bellos cuando la describe, frente a los negativos que el autor emplea para menospreciar al personaje masculino: cuando Höfgen sonríe lo hace con malicia; cuando entorna los ojos, su mirada es demoníaca; su mentón prominente, es indicio de una ambición sin límites. Algunas descripciones ofenden especialmente por la ostentosa sobrecarga de adjetivos, como ha podido observarse.
El lenguaje utilizado viene marcado generalmente por un tono trágico e, incluso, cruel, que impacta al lector. Klaus Mann utiliza campos semánticos de todo tipo: desde el político o el jurídico pasando por lo social hasta llegar a lo diabólico. El escritor utiliza registros diferentes para marcar la diversidad entre la cantidad de personajes que hay en la novela. Así, no hablan de la misma manera los personajes de la familia de Höfgen que los de la familia Bruckner. Los primeros pertenecen a la clase media. Se caracterizan por un estilo vulgar y parco, rayando en lo ridículo. Sin embargo, los Bruckner pertenecen a la burguesía y esto se refleja en su manera de comportarse y en su forma de hablar más cuidada. No hablan de la misma manera el triunvirato político: Der Dicke, [Es el Primer Ministro]; der Hinkende [El Ministro de Propaganda] y Der Führer [el Presidente de Gobierno], que el grupo de intelectuales formado por la señora Mönkenberg, el escritor Cäsar von Muck, Pierre Larue, Theophil Marder, Rolf Bonetti, entre otros, o el grupo de actores o actrices compuesto por Oskar H. Kroge (Director del Teatro de los Artistas de Hamburgo); Hedda von Herzfeld, Otto Ulrichs, Lotte Lindenthal, Hans Miklas, Dora Martín, Angelika Siebert, Rahel Mohrenwitz; u otros personajes considerados de menos categoría social como la prostituta Juliette; o Johannes Lehmann, el secretario de Hendrik; o Horst Wessel, el rufián malogrado; o Walpurga, la hija de la Motz y de Petersen.
En general, el léxico que utiliza Klaus Mann es cruel y muy selectivo puesto que está determinado, por un lado, por el odio y el deseo de vengarse de su ex-cuñado Gustaf Gründgens, y por otro, por el deseo de ensalzar a un determinado tipo de mujer: la mujer activa, vital, luchadora y comprometida con una causa socio-política, pero a la vez muy humana y cariñosa. En definitiva, el modelo de mujer que encarnaba su hermana Erika Mann.
En cuanto a la estructura oracional y temática hay que señalar que ella determinan, por norma general, las diferentes funciones del texto y, por tanto, parece justificable interpretar algunos de los rasgos sintácticos que aparecen como mecanismos estilísticos que reflejan la intención del autor: la de degradar al protagonista masculino y ensalzar al femenino. Se observa que la sintaxis varía dependiendo de la categoría social del personaje; normalmente, el lector se encuentra con una sintaxis sencilla pero no exenta de dificultad de comprensión en determinadas descripciones.
En definitiva,frente al protagonista masculino, Hendrik Höfgen, destaca la protagonista femenina, Bárbara Bruckner. Se la caracteriza con un atractivo especial y una belleza encantadora, que al mismo Höfgen impresiona calificándola como su ángel bueno: «Sie könnte mein guter Engel sein [...] Bárbara wird mein guter Engel sein».33 Además, el secreto especial y el aire misterioso de su personalidad están relacionados con su aspecto físico. Tiene la belleza y la delicadeza de los cánones clásicos, 34 como se ha podido comprobar en la descripción anterior.
En esta novela se destaca el modo en que el autor logra reflejar exquisitamente la evolución psicológica de Bárbara, desde su máxima felicidad hasta el sufrimientomás cruel por su situación de emigrante y por los efectos negativos del exilio. Bárbara pasó de ser una mujer tranquila, soñadora y jovial a una mujer activa y luchadora por un compromiso socio-político: la lucha contra el nacionalsocialismo. Por todo esto, Klaus Mann otorgó a este personaje femenino una extraordinaria categoría social, humana y literaria.
4. Conclusiones
En la narrativa de Klaus Mann aparecen los siguientes modelos de mujer: el llamado “ángel del hogar”, que es el prototipo que presenta a la mujer burguesa, la cual debe cumplir los principios impuestos de la clase social a la que pertenece; “la mujer rebelde”, representa a aquellas mujeres que pueden pertenecer tanto a la clase alta como a la clase media pero tienen en común la rebelación contra todo principio rígido que se les impone; “la nueva mujer” representa a la mujer emancipada y liberada pero debe cumplir una función social; y “la mujer caída” refleja a aquellas mujeres que están desequilibradas por culpa de la situación social en la que viven o por el fracaso de alguna relación amorosa y como resultado se desquician y sufren. Y “las demás mujeres” se refiere a las obras de Klaus Mann donde el protagonista es masculino y la mujer ejerce una función de co-protagonista.
El escritor evoluciona en su quehacer literario. En lo que podríamos llamar su primer período narrativo, Klaus Mann presenta a la mujer como portadora de los valores tradicionales, como centro y esencia del hogar. En la segunda etapa, describe a una mujer activa, ya madura, independiente e intelectualmente inquieta que lucha, desde el exilio, contra el nacionalsocialismo. En la tercera fase de su prolífica producción literaria, traza a una mujer que sufre tanto física como psicológicamente las lacras del exilio y es víctima de las consecuencias del destierro y de escarceos amorosos sin sentido.
Klaus Mann fue un escritor que reflejó exquisitamente las contradicciones del signo “mujer”, porque él mismo era también contradictorio: por un lado, marcado y, por lo tanto, supeditado a los valores y las normas estrictas que conllevaba pertenecer a una alta clase social, como la burguesía; y por otro, luchador acérrimo para librarse de todo principio rígido. Por todo esto, Klaus Mann es especialmente partidario de un modelo de mujer: la mujer luchadora, activa y comprometida social y políticamente, como fue su hermana Erika, a quien le unía un cariño especial. En sus escritos también subyace el deseo de ensalzar a la mujer denominada ángel del hogar, porque refleja a su madre, Katia Mann, a quien amaba extraordinariamente.
(i) La Dra. Ana Muñoz Gascón trabaja en el Departamento de Filología Francesa y Alemana (Alemán) de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Valladolid.
Notas:
[1] Cf. Luise F. Pusch: Das Deutsche als Männersprache. Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1ª edición,1984.
[2] Cf. «Die Theorie von Kuno und Kaburaki 1975 über Empathie –Phänomene in der Syntax» En Luise F. Pusch: Das Deutsche als Männersprache..., p. 113.
[3] Cf. Ibídem…,pp. 109-128.
[4] Cf. Ibídem..., p. 114.
[5] Kuno: «Subject, Theme and the Speaker´s Empathy – A Reexamination of Relativization Phenomena». En Kuno y Kaburaki: Empathy und Syntax. 1976, pp. 431 y ss. En «Die Theorie von Kuno und Kaburaki über Empathie-Phänomene in der Syntax». En Luise F. Pusch: Deutsch alsMännersprache…, p.114.
[6] Cf. Ibídem.
[7] Cf. Ibídem..., p. 115.
[8] Cf. Ibídem..., p. 116.
[9] Cf. Ibídem.
[10] Kuno: «Empathy und Syntax»...., p. 431, 1976. En Luise F. Pusch: Deutsch alsMännersprache…, p. 117.
[11] Cf. Ibídem.
[12] Cf. Ibídem.
[13] Cf. Klaus Mann: Mephisto..., p. 106.
[14] Cf. Catherine Kerbrat-Orecchioni: La enunciación de la subjetividad en el lenguaje. París: Edicial, 1987, pp. 131 y ss.
[15]Ibídem…, p. 135.
[16] Klaus Mann: Mephisto..., p. 171.[«He sido engañada –pensaba Bárbara a menudo-. Me he dejado engañar por un comediante. Le pareció útil para su carrera casarse conmigo y, además, necesitaba una persona a su lado. Pero nunca me ha querido. Quizá ni siquiera sea capaz de amar…»]. (1995:141).
[17]Ibídem..., p. 181. [«Bárbara sabía escuchar con tanta atención los exaltados discursos de la sincera y temperamental mujer, que la Motz llegó a la conclusión de que Bárbara era una mujer admirable, y así se lo decía, encantada,a todo el mundo. De esa opinión era también la Mohrenwitz : Bárbara, que ni siquiera se maquillaba, no intentaba parecer una mujer fatal, y por tanto nunca sería para ella, la abyecta Raherl, una rival»]. (1995:150).
[18]Ibídem…, p. 118. [«La visión de Bárbara hizo, pues, que entusiasmado Hendrik pensara en jóvenes y madonas. Los muchachos formados según los cánones clásicos tenían esa bella delicadeza de miembros. Las madonas tenían esos rostros. Así se abrían esos ojos, exactamente como Bárbara lo hacía ahora; ojos bajo largas pestañas, negras y rizadas, pero naturales; ojos de un vivo color azul oscuro, casi negros. Bárbara Bruckner tenía unos ojos así, que miraban serios, inquisitivos, con curiosidad amistosa y a veces casi pícara. Todo su rostro tenía rasgos pícaros: no expresaba llanto ni súplica como los de las madonas, sino más bien astucia. Los labios grandes, húmedos, sonreían ensimismados pero no sin gracia. En aquella cabeza soñadora de mujer ponía una nota graciosa el moño, de abundante cabello rubio ceniza, al estar un poco ladeado sobre la nuca. La raya, por el contrario, estaba exactamente en el centro»]. (1995: 94).
[19]Ibídem…, p. 45. [«Se hubiera dicho que Hendrik Höfgen era un hombre de unos cincuenta años, cuando en realidad sólo tenía treinta y nueve,prodigiosa juventud para un cargo tan importante como el suyo. Su faz pálida tras las gafas de concha mostraba la calma pétrea en que se pueden refugiar los hombres nerviosos y altivos cuando se sienten observados por mucha gente. Su cráneo calvo tenía una noble forma. En el rostro porosogrisáceo se marcaba un rasgo de cansancio, sensible y sufrido, que iba de las rubias cejas a las hundidas sienes; la forma acusada de la fuerte mandíbula se alzaba orgullosa de manera que la elegante, bella línea entre la oreja y la barbilla resaltaba audaz y señorial. Sus anchos y pálidos labios dibujaban una sonrisa gélida, ambigua y al tiempo burlona, que buscaba compasión. Tras los grandes cristales reflectantes de las gafas se escondían sus ojos, que sólo a veces podía uno ver y que causaban efecto. Entonces se comprobaba, no sin miedo, que eran fríos en su suavidad, crueles en su melancolía. Ojos grisverdosos, centelleantes, que recordaban esas piedras preciosas que atraen la desgracia, al tiempo que ojos ávidos de un peligroso pez»]. (1995:24-25).
[20] Cf. Catherine Kerbrat-Orecchioni: La enunciación de la subjetividad en el lenguaje…, p.111.
[21]Ibídem.
[22] Cf. Ibídem..., p. 112.
[23] Cf. Ibídem..., p. 120.
[24] Cf. Ibídem.
[25] Ibídem..., p. 96.
[26] Ibídem..., p. 136.
[27] Klaus Mann: Mephisto…, p. 132. [«Daba la impresión de que no había nada capaz de descompensar su equilibrio interior. Sus amigos la considerabanla persona más equilibrada, inteligente, versátil, madura, suave y segura que conocían.[...] el viejo Bruckner conocía a su hija, a la que amaba»]. (1995:106) .
[28] Ibídem…, p. 135. [«Hendrik quedó sorprendido de los detalles económicos de los que se ocupaba Bárbara, del conocimiento que mostraba sobre asuntos del jardín y la cocina»]. (1995:109).
[29] Ibídem..., p. 136. [«En aquellas habitaciones señoriales, donde había bellos tapices, oscuros cuadros, bronces, grandes relojes y muchas cubiertas de terciopelo, se había criado Bárbara; allí había pasado su juventud. Había leído aquellos libros; en aquel jardín había recibido a sus amigos. Cuidada con ternura y solemnidad por el inteligente amor de su padre, su niñez había sido pura y feliz. Casi con temor, Hendrik sentía, sin quererlo reconocer envidia. Le atormentó la perspectiva del día siguiente, en que tendría que presentar a su madre, Bella, y a su hermana, Josy, en esos aposentos, a un padre así. Se avergonzaba de pertenecer a la clase media. Y afortunadamente papá Kobes no podía venir... »]. (1995:109-110).
[30] Ibídem..., p. 155. [«Bárbara descansaba tendida al sol. Nadando, era mucho mejor que la activa Nicoletta, nadaba más deprisa y aguantaba más. Hendrik no pensaba siquiera en tomar parte en las carreras: con sólo mojarse un dedo en el agua fría ya empezaba a chillar, y únicamente a base de mucho esfuerzo consiguió Bárbara que intentara moverse un poco en el agua. Con precaución, procurando permanecer en zonas poco profundas, con la cara surcada de arrugas de preocupación, Hendrik intentaba permanecer a flote en el peligroso elemento. Bárbara lo observaba divertida»]. (1995: 127)
[31] Ibídem..., p. 125.
[32] Cf. Ibídem...,pp. 117-118.
[33] Ibídem..., p. 125.
[34] Cf. Ibídem...,pp. 117-118.
Referencias bibliográficas
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Recursos electrónicos
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· http://www.oeko-net.de/kommune/kommune5-97/KMANN.html-arkoMartin: Klaus Mann – Erinnerungen an einen Zeitgenossen.
· http://www.dhm.de/lemo/html/biografien/MannKlaus/-Kurzbiographie des Deutschen Historischen Museums.
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